Hablemos del inconsciente, aún...
ACTIVIDADES PREPARATORIAS

Azar y destino

Mónica Torres
Mónica Torres

Buenas noches, espero tener tiempo de decir algo antes de que salgan todos corriendo para ver el partido. Hay tiempo, hay tiempo. Como la mayoría de los que me conocen saben, y son varios, yo siempre antes de comenzar a escribir pongo un título, sino, no puedo. Y después escribo, todavía, aún, con el correr de la pluma.

Entonces, la pregunta que no es fácil de contestar, qué decir, aún. No porque no haya nada que decir, sino porque uno trata de decir, una cosa que Miller dice en “El síntoma charlatán”, algo nuevo, y es muy difícil encontrar algo nuevo en el decir. Aún así, el título es “Azar y destino”.

Bien, voy a decir unas palabras antes sobre esta Mesa, y es que ha sido para mí una alegría, estar aquí con una anfitriona como Gabriela Basz, que yo destacaría por su singularidad. Menciono también, y en ese mismo sentido, a Mónica Gurevicz. Mesa en la que coincido también, con dos colegas con los que he compartido y comparto, tantos espacios de esta Escuela. Me he divertido mucho por ejemplo, porque ella es muy divertida, paseando con Graciela Musachi por París, en ocasión de ser ambas miembros del Consejo de la AMP, y descubrir, menos para nuestro asombro que para el asombro de la opinión de mucha gente que nos había advertido, que en realidad tenemos mucho en común, y que yo resumiría fundamentalmente diciendo que podemos divertirnos, aún.

Con Jorge también he compartido muchísimos espacios, sobre todo la huella indeleble del primer Consejo, y aún antes, el Comité iniciativa para la fundación de la EOL. Coincidimos también, coincidiremos voy a decir, porque también hay que hablar un poco del futuro digo yo, en el Primer foro Zadig de la Argentina, que será el 23 de Agosto, y que seguramente ustedes vieron algo de esto, donde hablaremos de la época y de los nuevos feminismos. Y recuerdo también otra vez vuelvo al pasado, aunque un pasado más cercano, que los tres hemos coincidido, más recientemente pero no muy recientemente, en la segunda incursión de Jorge y yo en el Consejo de la EOL, en un Consejo que yo definiría ciertamente como muy apasionado, con lo que todo esto pude tener de bueno, de malo, de lindo y de feo, a mí me gustó esa experiencia.

Bien, así que esta mesa a mí ya me parece un elogio de la singularidad, siempre bienvenida para la Orientación Lacaniana, y sobre todo para el ultimísimo Lacan, que es de lo que voy a tratar de decir algo, supongo que por eso hablamos en este orden.

En el año 2007, y al mismo tiempo que Jacques Alain Miller daba su curso que después se tituló acá El ultimísimo Lacan, yo trabajaba en un curso avanzado del ICdeBA, y recibía por supuesto, como muchos de nosotros, las clases que Miller daba, por mail, y que se titulaban “Le tout dernier Lacan”. El curso de ese año, mi seminario, fue publicado, con el título Fracaso del inconsciente, amor al síntoma, que por supuesto alude al título del seminario “L’insu”. Todavía allí hablo claramente de fracaso del inconsciente, y no digo, no diferencio el inconsciente transferencial del inconsciente real, porque ése es un movimiento que Miller hace sobre el seminario de Lacan El sinthome, introduciendo allí la noción de inconsciente real que está tomada del “Prefacio a la Edición Inglesa del Seminario 11”. Entonces, todavía pienso que el inconsciente tiene que fracasar, pero podríamos decir, es el inconsciente transferencial el que fracasa.

Bueno está, ahora, la pregunta que les traigo porque lo más interesante por ahí es un hecho de la propia experiencia, cuando uno tiene poco tiempo para hablar. ¿Está del lado del azar o del destino, el hecho de que finalmente y después de muchos años yo descubriera que conocí a Lacan en 1977? Eso lo sabía, porque vivía en Barcelona y fue la primera vez que viajé a París, pero lo que no sabía bien es qué seminario estaba dando él en ese momento, porque conocí quiere decir que lo vi, por primera vez. Lo leía desde mis 17 años cuando tuve la fortuna de encontrarme con Oscar Masotta. Pero conocí no sólo a Lacan sino a París en 1977, lo recordé muchos años después de qué seminario se trataba y creo que no es un recuerdo encubridor porque tengo la prueba de que coincide con el primer cumpleaños, que fue en París, de alguien muy muy querido para mí, que festejamos en París. Es así que pude saber por las fechas, que yo había escuchado a Lacan en ocasión de dos clases del seminario “L’ insu”, que después conocí. La primera vez que lo vi, la clase se titulaba “La estafa psicoanalítica”, la siguiente, “Verdades variables”. Siempre he tenido un peculiar interés por esas dos clases, los que me escuchan saben que insisto en esas dos clases, y deduje entonces que lo había conocido, o lo había visto, había tenido la experiencia de conocerlo, precisamente cuando él estaba dando esas dos clases.

La primera vez que vi a Lacan, entré al aula donde él impartía su enseñanza, y salí presurosamente del aula diciéndole al amigo que vivía en París y que me acompañaba: “nos equivocamos de aula, este tipo no es Lacan”. Mi amigo, riéndose, me señaló prontamente que entrara porque en efecto era Lacan el que estaba hablando.

Bien, yo creo que yo esperaba verlo tal como está en la foto de los Escritos, en la contratapa, o sea con su moñito, su sonrisa jovial, su peinado hacia atrás, que sé yo, como en los años ’50, y en cambio encontré otra cosa. Entonces lo vi, creo que es más justo decir que lo vi que lo oí, porque lo escuché, porque no entendí absolutamente nada de lo que dijo, nada, o eso me parecía. Él hablaba con voz muy baja y sostenía en sus manos un nudo formado por lo que ahora podría llamar redondeles de cuerda, de diferentes colores. Objeto, porque para mí era un objeto en ese momento, y que luego fue pasando entre los asistentes del seminario y que me llegó, y lo toqué como quien toca un Tótem, no? Sin embargo, aún estaba en París para la siguiente clase y volví, y escuché la siguiente clase y por supuesto tampoco entendí, que se llamó después, “Verdades variables” o “Varité”. Situación aparentemente anecdótica, que se trata por supuesto del azar y no del destino, cuando hablamos de inconsciente, es lo que yo deduzco de esta escena, porque no me parece que era mi destino encontrarme con Lacan justo cuando fui a París porque no sabía yo que iba a estar en París ese año, ni siquiera tenía la menor idea de que me iba a ver forzada a estar en Europa.

Bien, pero hay algo del inconsciente ahí, hay una marca ahí, porque aún cuando yo no recordaba, ya les dije, nada de esas dos clases, ése fue el seminario al que volví una y otra vez, y en diferentes etapas de mi vida y el que he elegido recordar esta noche.

Hace no tanto me parece que tuve una idea de por qué. No había entendido nada, pero en el punto en que lo que me ocurrió no tiene nada que ver con la intencionalidad, palabra que remarco, porque en realidad a Lacan no le gusta la palabra inconsciente, al ultimísimo Lacan, porque está relacionada con la consciencia, in-consciente, y entonces todavía hay una idea de intencionalidad, aunque negada. Lo que había quedado era en realidad una marca de goce, que sostenía lo que me sigue pareciendo aún el problema crucial del psicoanálisis, es decir cómo incidir desde lo Simbólico en lo Real, el problema entre significante y Real. Porque si eso no es posible, si eso es mentira, como dice también Lacan, entonces el psicoanálisis es una estafa.

Gracias a la precisa orientación de Jacques Alain Miller empecé a pensar que tal vez no era necesario que lo Simbólico, dicho así, tuviera efectos sobre lo Real para arribar a una solución singular, y por ende a un fin de análisis.

La incidencia de la que hablo finalmente está más cerca de la poesía que de cualquier intención. Y después de dar muchas vueltas en redondo, alrededor de la relación entre inconsciente y síntoma, entre inconsciente e intención, entre el inconsciente y su fracaso y más precisamente entre inconsciente y Real, porque ya le diría algo a Jorge, y es que lo imposible de decir no pertenece sólo a la represión primaria, sino también a lo que fue expulsado de la primera simbolización, es decir a la Ausstossung, y ése es el punto que no vuelve ni siquiera por la vía del recuerdo. Quizás no podríamos decir que no vuelve de ninguna manera, me parece.

Bien, entonces pude entender un poco, porque Miller tiene una pasión por armar períodos de enseñanza, y yo también, entonces los leo muy atentamente. Uno es el de “Los paradigmas del goce”, que está en La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica y otro son los períodos de enseñanza que hay que tenerlos bastante claros, que está justamente en El ultimísimo Lacan. Y ahí Miller ubica una parte a la que llama “Temblor de enseñanza”, que la ubica incluso más allá del período topológico. Más allá del período topológico, el período topológico serían los seminarios “RSI” y El Sinthome, o sea 22 y 23, y este “temblor de enseñanza”, esta deconstrucción absoluta de la enseñanza, de la que no queda sino la poesía, serían los seminarios 24 y 25, “L’ insu” y “Momento de concluir”, sus últimos seminarios. Y allí lo que descubrimos, ya en el título mismo del seminario “L’insu”, es que aquello que solemos llamar el destino, no es más que la transformación del azar en destino, operación del neurótico, cosa en la que los neuróticos insistimos cuando somos hablados por el Otro, por las cosas de familia en nuestro inconsciente transferencial, muy apegado a la verdad mentirosa que confunde lo verdadero con lo Real. El Uno, nos aclara Miller en este cuadro, está junto al sinthome y l´unbevue del lado del azar, y el Otro que es un momento segundo, del lado del inconsciente transferencial y del destino. El inconsciente de l’unbevue, de la una-equivocación, de ese error grosero de cada uno, no conmueve a nadie y por eso es joyceano más que freudiano. La una-equivocación está antes, es un antes que no lo podemos pensar cronológicamente. Y el inconsciente real nada tiene que ver con la noción de intencionalidad que alberga en sí la palabra inconsciente. Por eso hay la transliteración de L’unbewuste en l’unbevue, o sea del inconsciente freudiano en alemán, es un título así, a la una-equivocación en francés. Es decir que esto quiere decir apartarlo de cualquier intencionalidad, y en ese sentido es fracaso del inconsciente, en el sentido de la intencionalidad.

Pero de todo esto habría mucho más para decir, seguramente.

En realidad lo que más yo quería transmitirles no es lo último que digo, aunque también, sino la prueba de eso en acto, que tiene que ver con el punto en que esto quedó en mí, y lo voy a buscar cada vez, voy a buscar dónde lo ubica Miller en los períodos de enseñanza, dónde lo ubica en los paradigmas del goce. Uno, de los paradigmas del goce podría pensar que todos estos seminarios, el 22, el 23 el 24 y el 25 están juntos, pero no puede pensarlo en períodos de enseñanza. O sea que Miller también tiene esta cosa de ir a buscar a Lacan contra Lacan.

Bien, el último Lacan, con lo que tiene de “temblor de enseñanza”, por supuesto no se puede entender, no quiero confundir a nadie, sin trabajar todos los períodos previos que Miller puntualiza, porque hay que saber bastante de todo lo anterior para poder entender qué quiere decir este temblor de enseñanza.

Pero lo que me pasó esa vez que lo vi, y que escuché estas dos clases, no me había ocurrido antes, y había leído algunos de sus seminarios y de sus escritos. Encuentro que por supuesto es a la vez un desencuentro, sobre todo un desencuentro, marca de goce que aún perdura como efecto en el cuerpo más allá de todo lo leído, de todo lo dicho y aún de todo lo que he escrito, límite de los desarrollos de la verdad. Y en realidad creo que he elucidado en mi análisis hasta dónde es posible elucidar esa marca, hay un punto en que no es posible elucidarla. Dicho todo esto por supuesto no sin un esfuerzo de poesía que me permite hoy situar la larga y heroica novela familiar como un cuento corto. Eso me ha hecho también más fácil y agradable el esfuerzo de reducción de esta noche, y también no deja de resultar un poco irónico que esta noche, y casi a la misma hora, se juegue el clásico entre Argentina y Brasil, lo que voy a dejar otra vez del lado del azar y no del destino.

Gracias