Hablemos del inconsciente, aún...
ACTIVIDADES PREPARATORIAS

El síntoma vía regia del inconsciente

Jorge Chamorro
Jorge Chamorro

Yo me organice para transmitir la relación con el inconsciente… aún, con un par de frases que a mí me orientaron en el plano clínico y conceptual.

O sea que las frases se las digo para que ustedes vean como armo el esqueleto:

Este es el recorrido. Empiezo con pequeñas observaciones de cada una de esas frases.

El inconsciente habla en todo lo que excede a la voluntad de decir, es una clave que para mí fue muy importante. Cuando uno estudiaba y trabajaba con Freud sobre los temas de la primera tópica, segunda tópica, etc., el Yo era lo que llamábamos una instancia psíquica, percepción-conciencia, y una serie de elementos conceptuales. Cuando Lacan le pone “discurso yoico” y lo llama, en el primer grafo, “las palabras de la pura charlatanería”, dice, “sobre ese fondo se inscribe en nuestra clínica, el Yo como voluntad de decir”.

El inconsciente habla en todo lo que excede a la voluntad de decir, y normalmente, o muchas veces, cuando alguien excede a su voluntad de decir, hace una corrección.

Es nuestro punto de llamada para tener que intervenir, cuando alguien corrige por exageración, porque quiso decir otra cosa y demás, éste es nuestro punto de intervención, en nuestra orientación. Entonces, cuando ejercemos lo que se dice versus la voluntad de decir, hacemos el primer paso de lo que define a un psicoanálisis lacaniano: la división entre lo que quise decir y lo que dije; primer paso en el camino de la división, que es lo que define al análisis.

En Sutilezas Analíticas, por ejemplo, hay una frase de Miller que dice: “La palabra irreflexiva es el inconsciente en acto”[1]. Agrega: “Hay una estrecha relación entre inconsciente y asociación libre”. Esto es importante porque, a veces, abandonamos un poco la idea de la asociación libre, y la asociación libre sigue siendo crucial para nosotros en nuestra clínica.

Lacan dice “Hay que exigirla primero y hay que enseñarle a los pacientes a asociar”, no es que viene solo, sino que hay que exigirla, y tenemos que saber muy claramente la diferencia entre la asociación por el sentido y la asociación por el sonido. La asociación por el sonido es la clave que orienta a la clínica a lo que llamamos el sinsentido. Por supuesto que esto tiene que ser hecho en un momento determinado con todas las condiciones necesarias; pero tenemos que saber que alguien no puede entrar en análisis sin haber hecho por lo menos una experiencia de lo que es dejarse hablar por lo que dice. Es decir que la entrada en análisis tiene que verificar que el sujeto consienta al inconsciente. Que no es decir, sí, yo acepto al inconsciente, sino que es una aceptación indirecta por las resonancias que tiene lo que dijo, alejado de su voluntad de decir.

Recuerden que este es el primer paso de otra cosa. Cuando Lacan dice “No hay metalenguaje”, esto quiere decir que el análisis se orienta por esta división y por aquello que el sujeto no quiso decir y que dijo. Alternativa al metalenguaje, ¿qué es el metalenguaje? refuerzo yoico y por lo tanto, vamos para atrás y no para adelante con el metalenguaje. El metalenguaje es eso que nos desafía todo el tiempo, en un obsesivo, por ejemplo, con sus miradas sobre sí desde el palco y todo esto que Lacan plantea.

Entonces, todo el tiempo tenemos que ver las gradaciones, cuando un sujeto habla, cuando se deja hablar por lo que dice aunque no lo quiso decir, por las elucubraciones que hace sobre lo que le pasa.

Recuerden, si examinamos, todo sujeto que sueña algo, la primera respuesta, por lo menos en lo que yo escucho, es por qué soñé lo que soñé. Y esto es el rechazo del sujeto a las incógnitas que le propone el sueño, es decir, quiere responder al porque, y no hay porque. El porque es la apertura al metalenguaje y al refuerzo yoico.

Del otro lado de la voluntad de hablar y decir, se abre el camino a lo que Foucault llama “La construcción de un autor”. Está la persona, que es el yo, con todo lo que quiere decir, todo lo que sabe decir; y está el sujeto que empieza a formularse, a diseñarse a partir de los dichos. Son dos personajes distintos que se separan. Qué es un autor, no es el de la biografía, no es el del Yo, sino el que se construye a partir de lo que el sujeto no quiso decir y dijo.

Recuerden también que este camino es el que se abre hacia el sinthome, si no se da, el sinthome no llega nunca. Abre el camino a lo que Freud llama “neoformación”. Freud lo habla en Análisis terminable e interminable y lo dice así: (pg. 229) “Acaso nuestra teoría no reclama para sí el título de producir un estado que nunca preexistió de manera espontánea en el interior del Yo, y cuya neocreación constituye la diferencia esencial entre el hombre analizado y el no analizado”.

Fui a ver este dato porque nunca había escuchado esa palabra “neoformación”, la fui a buscar en alemán, pero quiere decir también neoformación. Esta palabra está muy cerca de lo que Lacan va a llamar el sinthome. Es una neoformación que no estaba. Esto me pareció muy interesante. Justamente ahí dice la diferencia entre quien está analizado y quién no. Si tenés tu neoformación estás analizado, si no, nada que ver... (Risas)

Hay un capítulo del Seminario 11 que se llama “La presencia del analista” que es siempre un poco oscuro. Les cuento como yo lo pensé. No quiere decir que esto está bien, ni que es totalmente adecuado, pero cuando Lacan dice “La presencia del analista es una manifestación del inconsciente”, con todo lo que sabemos que piensa él del inconsciente, estructura, cadena significante, etc., uno se pregunta ¿cómo se manifiesta el analista que es manifestación del inconsciente, según el inconsciente que Lacan concibe en ese momento?

Me parece que hay algo de la manifestación del analista que es la interpretación, que corresponde al momento en que Lacan piensa la presencia del analista como una formación del inconsciente y en el Seminario 23 cuando dice El psicoanálisis no es un sinthome, lo es el analista.

Pero la pregunta es ¿cómo interviene un analista que es manifestación del inconsciente y un analista que es un sinthome?

Porque después de decir eso tenemos que obtener las consecuencias en relación a cómo funciona el deseo del analista. Yo me armé una explicación (que a lo mejor es incorrecta): El analista manifestación del inconsciente, es como una formación del inconsciente, es el inconsciente que interpreta y el que interpreta con lo que llamamos un S2. El analista sinthome, es el analista que interpreta con S1 y que destituye todos los sentidos y que abre el camino al extraer al sujeto de su inconsciente. Me parece que esto es algo que podría discutirse, no digo que sea así, pero me lo inventé así.

Lo siguiente, que me parece importante, a mí me enseñó mucho, está en el libro de las Conferencias en Caracas que dio Miller, dice así: “Lo imposible a decir se puede escribir”. Esto es una frase, pero ¿qué es lo imposible a decir?Lo imposible a decir, recuerden como lo formula Freud, es el efecto de la represión primaria, pero Miller agrega una cosita: Lo imposible a decir se puede escribir, y este poder escribir, dice, implica un levantamiento de la represión primaria. Es una apuesta fuerte que implica a la escritura.

En aquel momento lo usa como lo que llama la exhaustación del síntoma en Juanito y que dice: es palpar todos los imposibles de un sujeto. Cuando se ve el axioma con el que un sujeto se maneja: “Hay pene, no hay pene, la castración de la madre, de la hermanita”, etc., lo imposible a decir se dice, y ahí pasa a otro imposible a decir. Hay un imposible a decir relativo y hay un imposible a decir absoluto. Ese absoluto es la relación entre el objeto a y su consistencia lógica, dice, y el significante amo.

¿Cómo llama Miller a esto? En el primer capítulo de Los signos del goce, lo llama: lo que hace insignia. Es decir insignia: significante y objeto. Esto es el nombre de la letra. Es decir que con el camino del recorrido de todas las imposibilidades construye un imposible absoluto que va al lugar del objeto y no del significante, y en todo caso el significante queda pegado al objeto.

Eso se llama letra, en el matema que dice S de A tachado, en versión inconsistente, o sea, en versión no hay Otro, hay el S, ese es el matema, Miller lo dice así, de la letra.

Una observación más. ¿Qué es desabonado al inconsciente? Es interesante porque es desabonado a los efectos de significación, que son móviles e interminables, y demás, de la cadena significante. Desabonado al inconsciente que está estructurado como un lenguaje. Es decir que hay que extraer al sujeto de esa movilidad que implica la infinitud de todos los movimientos de la cadena significante. Desabonado al inconsciente es esto.

Decimos esa frase pero para mí falta la siguiente: “desabonado al inconsciente, abonado al sinthome”. No es solo desabonado al inconsciente, porque desabonado al inconsciente no quiere decir que el inconsciente no existe, sino que está dividido entre el síntoma y el inconsciente de los efectos de significación.

Algo más que me pareció interesante, que es una observación que hace Miller en Los signos del goce, que dice: “Para Freud la vía regia al inconsciente es el sueño, todas las formaciones. Para Lacan la vía regia al inconsciente no es el sueño, es el síntoma, no las formaciones del inconsciente”[2], que va en consonancia con todo lo que viene diciendo.

Y una última cosa. Uno lee frases que en algún momento leyó pero no las reconoció. Yo siempre escuché y pronuncié algo que hay que entender conceptualmente, que el análisis hace deflacionar al deseo. Nosotros que decíamos sujetos deseantes, deseo decidido, etc., de pronto nos encontramos con una formulación que no es tan obvia. Después entendimos que el deseo es interminable, que el deseo circula y que acompaña al destino de la cadena significante y de los significantes. Pero dice otra cosa más, que el psicoanálisis hace palidecer al inconsciente, hace palidecer al deseo y al inconsciente…digo por el aún que está en la propuesta.

Gracias.

NOTAS

  1. Miller, J.-A Sutilezas analíticas, Ed. Paidós, Buenos.Aires. 2011, p.164.
  2. Miller, J.-A Los signos del goce, Ed. Paidós, Buenos. Aires. 1998, p. 443.