Hablemos del inconsciente, aún...
ACTIVIDADES PREPARATORIAS

Huevos de Cucú

Graciela Musachi
Graciela Musachi

Bien, como ven ustedes, hay dinosaurios vivos.

La mejor definición que he encontrado en Freud del inconsciente es: “El Yo no es dueño en su propia casa”. Y ahí tenemos los dos elementos lacanianos por excelencia: el dueño -el amo- y el cuerpo. Por supuesto el Yo, que no es amo de su cuerpo.

Pero no voy a ir por ahí, voy a ir a cómo hubiera querido llamar esta intervención que es: Huevos de Cucú. Y no es para hacerme la graciosa, está en la bibliografía dada por Lacan en “La dirección de la cura..”. Es la carta 140 de Freud a Fliess del año 1901, donde dice: “Ayer terminé Sueños e Histeria y hoy ya noto la falta de un narcótico”. Sueños e histeria era el nombre que le quería dar Freud al caso Dora que se fundamentaba, principalmente, en los sueños. Continúa así: “Es, con todo, lo más sutil que hasta ahora haya escrito y horrorizará a la gente aún más que de costumbre. Como quiera que sea, uno cumple con su deber y, a fin de cuentas, no se escribe para este solo día. Ziehen ya me aceptó este trabajo, sin sospechar que pronto le enjaretaré también la “Psicopatología de la vida cotidiana”. Cuánto tiempo seguirá soportando Wernicke estos huevos de Cucú: esoes cosa suya…”[1]

Me enteré de una cosa extraordinaria, los Cucú son unos pájaros que ponen sus propios huevos en los nidos del Otro, de otros pájaros. Es una cosa increíble. Entonces creo que en esta carta de Freud tenemos todos los elementos del inconsciente, empezando por la función de la falta y por el objeto que él nombra huevos de cucús. Tenemos ahí la presencia del inconsciente. Tenemos también que eso está dirigido a Fliess, de quién se decía (creo que lo dijo Mannoni) que Fliess era el analista de Freud. Entonces ese objeto va dirigido a Fliess. ¿Y por qué Fliess ocupaba el lugar de analista -podemos decir nosotros-? Por una virtud que rescató, creo hace poco Eric Laurent, diciendo, la persistencia. Él estaba ahí para recibir esas palabras.

Luego eso era en forma de cartas que se repetían una tras otra. Sabemos que las cartas, en definitivas, siempre son cartas de amor, como corresponde con la transferencia. Es más, en la carta siguiente sigue con el tema para dar fe de que se trata del amor, Freud le dice: “espero que este trabajo no te decepcione”. La carta entonces es una demanda, una demanda de amor. Hablar es pedir.

Luego tenemos en juego la pulsión, la función del objeto, la letra que se juega en la carta. Algo a leer. En acto, podríamos decir nosotros, Freud inventa al analista que anuda una nueva concepción del inconsciente.

Ustedes podrán investigar cuáles eran las anteriores, como las nombra Lacan en el Seminario 11. Existía la palabra inconsciente, lo que no existía era un concepto del inconsciente como lo inventa Freud. Pero lo que él inventó es este analista que en su nido recibía los huevos de quien iba a hablarle.

Me interesó mucho la hipótesis de Lacan respecto del surgimiento del analista. En el Seminario de la La Ética del Psicoanálisis,Lacan dice que surge el psicoanálisis por una falla en el objeto de amor, igual que en la época del amor cortés. El amor cortés surgió para suplir una falla en el objeto de amor. Pero en Aún, modula esa hipótesis y dice que el discurso científico subvirtió el conocimiento existente hasta ese momento, es decir, produzco una falla en el saber. El modo en que se concebía el conocimiento, con esas interpretaciones de lo pasivo y lo activo, de la materia y la forma, es decir, de una existencia de la relación sexual –podríamos decir-, sostenía el fantasma para suplir lo que, en realidad, no puede decirse, ya que no hay relación sexual.

El discurso analítico surge en un punto, del discurso científico, dice Lacan, en el que hablar de amor es una pérdida de tiempo. Entonces Freud se inventa un dispositivo de alguien que se sienta ahí con su persistente presencia a recibir las cartas de amor que se le dirigen.

Hablar de amor es una pérdida de tiempo porque hablar allí es a pura pérdida.

En definitivas, en Aún, puesto que estamos hablando del inconsciente aún, hay una definición del inconsciente. Esto para mostrar que, a pesar de todas las torsiones que Lacan produce en el concepto y aún en la palabra, en este tiempo todavía producía definiciones del inconsciente.

El inconsciente es una palabra cuya ambigüedad hay que señalar, dice Lacan. Algo en algún lugar se supone que sabe. Más que el que habla. Eso sabe en algún lugar, porque los significantes con los que se constituye el sujeto son su soporte. Entonces algo en algún lugar se supone que sabe más que el que habla. Es decir, se refiere ahí al fantasma. Y eso puede desarticularse en el psicoanálisis.

Ahora bien, ¿qué hacemos con los huevos de cucú?. Precisamente es lo que nos sostiene a todos nosotros: es el enigma de Freud.

NOTAS

  1. Freud, S. Carta 140 (25 de enero de 1901), en Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904), Buenos Aires, Amorrortu, 1994. p. 287.