Hablemos del inconsciente, aún...
ACTIVIDADES PREPARATORIAS

De Eurídice dos veces perdida al esp de un laps

Leonardo Gorostiza
Leonardo Gorostiza

Anfibologías del inconsciente

Así como alguna vez hablamos de las “anfibologías de lo real”, de los múltiples sentidos que lo real adquiere en la enseñanza de Lacan, lo mismo podemos decir del concepto de inconsciente.

Por ejemplo, en su Seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Lacan habla de tres inconscientes: de las dos caras del inconsciente freudiano y del inconsciente “lacaniano”. Las dos caras del inconsciente freudiano son la del inconsciente estructurado o que se estructura como un lenguaje y la del inconsciente como hiancia que se corresponde con la represión primordial, la Urvergrängung. Mientras que Lacan agrega a este último una dimensión temporal: es el inconsciente como pulsación temporal. Dimensión temporal de apertura y cierre con la cual Lacan construye un inconsciente que tenga una comunidad topológica con la pulsión, con las zonas erógenas que se abren y se cierran también en una pulsación temporal. Tal como señala en su reseña del Seminario 11: “El inconsciente, mantenido según nuestro discurso inaugural como efecto del significante, y estructurado como un lenguaje, fue aquí retomado como pulsación temporal.”[1]

Esta operación resulta fundamental porque al establecer un lazo entre el inconsciente y el tiempo, Lacan se separa de Freud y de su noción de un inconsciente por fuera de la dimensión temporal, prolongándolo a partir de la intuición freudiana de la hiancia inherente a la Urverdrängung. Así, en lugar de un inconsciente ligado a la idea de eternidad, Lacan construye un inconsciente ligado al acontecimiento: inconsciente-acontecimiento lo llama Miller[2] y lo diferencia de la hipótesis de inconsciente freudiana, de un inconsciente por lo tanto inferido como ya estando allí, produciendo efectos. Es el inconsciente –sujeto-supuesto-saber, es decir, una definición del inconsciente a partir de la transferencia[3] y que Miller nombrará luego como inconsciente transferencial. Mientras que Lacan mantiene, a diferencia de Freud, una distancia entre inconsciente y transferencia[4], que es lo que al final de su enseñanza lo llevará a hablar de inconsciente real. Así, en esta operación que Lacan consuma en su Seminario 11, es decir al mantenerse al ras de los fenómenos, de cómo el inconsciente aparece en el discurso se distancia del inconsciente como hipótesis, como inferido.[5] Podemos oponer entonces un inconsciente-fenómeno a un inconsciente-inferido. De allí que el inconsciente- fenómeno por remitir a esa discontinuidad que aparece para inmediatamente cerrarse, está ligado al futuro, como lo no realizado que busca realizarse. Este inconsciente-futuro, que es también el inconsciente-sujeto, se opone a sí al inconsciente-pasado caracterizado por Freud.[6]

 

El inconsciente en los discursos

Lacan señala que el discurso del amo es el discurso del inconsciente, entonces, se pregunta Miller: ¿Dónde está el inconsciente en el discurso del inconsciente?[7]

“Por todas partes” responde. Como inconsciente-sujeto está ubicado en el lugar de la verdad que traiciona nuestra intención consciente con un lapsus. Como inconsciente-amo, el que comanda con un imperativo insensato nuestras acciones y conductas, está en el S1 en el lugar del amo. Mientras que el inconsciente-esclavo es el S2, el inconsciente-saber que trabaja en el lugar del otro, como un artesano y donde quizás podríamos situar la caracterización que Lacan hace en Aún del inconsciente como un saber hacer, un savoir faire con lalengua.[8]

¿Y en el discurso analítico? Pienso que podemos ubicarlo en el lugar del saber, del S2, en el lugar de la verdad correspondiéndose con el sujeto-supuesto-saber, es decir, con un saber supuesto como un conjunto armónico de significante dispuesto a ser descifrado vía el sentido. Se corresponde, a mi entender con el “inconsciente estructurado como un lenguaje” que, por lo tanto equivale a una “elucubración de saber sobre lalengua”.[9] Pero también está el inconsciente-sujeto,ya no ubicado en el lugar de la verdad sino en el lugar del trabajo destinado a producir el enjambre de S1, essaim, los S1 de lalengua que otorgan a cada uno su diferencia absoluta que se sitúa frente a la hiancia fundamental. Me refiero a la hiancia de la imposibilidad que se ubica entre el lugar de la producción y el de la verdad, hiancia que se puede deducir sería el inconsciente real.[10]

 

De “Eurídice dos veces perdida” al “esp de un laps”

En su Seminario 11, Lacan recurre al mito de Orfeo y Eurídice para dar una metáfora del nuevo inconsciente que allí promueve, ligado a una discontinuidad, a una vacilación, a la manifestación de una hiancia en una pulsación temporal. Es en dicho contexto que afirma:

“Para dejarme llevar por una metáfora, Eurídice dos veces perdida es la imagen más palpable que puede darse, en el mito, de la relación del Orfeo analista con el inconsciente.”[11]

Entonces, ¿cómo entenderlo? Les recuerdo lo que dice el mito.

Eurídice era una dríade (ninfa) y era a la esposa de Orfeo (poeta y músico divino) quien amaba profundamente a su bella esposa. Una vez en que la bella Eurídice caminaba en uno de sus paseos, por un prado de Tracia fue vista -según Virgilio- por Aristeo, quien prendado inmediatamente de ella, la persigue para hacerla suya. Ella escapa con gran velocidad y miedo, pues su corazón sólo le pertenece a Orfeo. En su huida, Eurídice es mordida por una serpiente y muere.

Orfeo, desconsolado la llora y su desesperación no encuentra consuelo, por lo que toma la arriesgada decisión de ir en busca de su dulce y amada esposa al Hades, la tierra de los muertos.

Con su dulce canto y su poesías, Orfeo logró conmover a Caronte, quien lo deja atravesar el río Estigia, límite entre el mundo de los vivos y los muertos. Después, también con sus habilidades artísticas Orfeo logra convencer a Perséfone y a Hades de que le permitan llevarse a Eurídice.

Las divinidades subterráneas aceptan que se la lleve, pero Orfeo debe prometer que no intentará ver a su esposa hasta que la haya llevado a la luz del sol.

Entonces, según lo convenido, Eurídice seguía a Orfeo en el camino hacia la luz, y en el momento en que estaban a punto de abandonar las oscuras profundidades, Orfeo tuvo dudas. Así, empezó a pensar en la posibilidad de que Perséfone lo hubiera engañado y que Eurídice no viniera tras él, por lo que no pudo soportar la tentación y se volvió para mirarla y corroborar que ella venía con él.

Cuando esto ocurrió, Eurídice fue arrastrada por una fuerza irresistible otra vez hacia el Hades. Orfeo, desesperado, intenta ir de nuevo a rescatar a su amada, pero esta vez Caronte no se lo permite. Así, Orfeo regresó a la Tierra solo y desamparado, y mantuvo fidelidad a su esposa hasta su muerte.

¿Cómo no ver en lo que esta metáfora sugiere sino una anticipación de lo que llevaría a Lacan, trece años más tarde, a indicar que cuando uno presta atención ya no se está en el inconsciente?

Así, en1977, afirmaba: “Cuando el esp de un laps, o sea, puesto que no escribo sino en francés, el espacio de un lapsus, ya no tiene ningún alcance de sentido (o interpretación), solo entonces uno está seguro de estar en el inconsciente. Uno lo sabe, uno mismo. Pero basta que se le preste atención para salir de él. No hay allí amistad que a ese inconsciente lo soporte.”[12]

Resulta claro que en esta tardía caracterización que lleva a Lacan a hablar de inconsciente real, basta que al inconsciente se le preste atención –tal como Orfeo a Eurídice en el mito- para que uno ya no esté en él, es decir, para perder, por segunda vez a Eurídice.

Que Lacan diga que a ese inconsciente, el inconsciente real, no hay amistad que lo soporte, indica que sólo se está en el inconsciente cuando S1 y S2 no hacen cadena. Y es precisamente eso lo que Lacan comienza explorar en el Seminario 11 al diferenciar el inconsciente freudiano, el que se estructura como un lenguaje, es decir, como sentido que proviene siempre del Otro, y el inconsciente lacaniano como manifestación de una pura hiancia, de esa discontinuidad evanescente en una pulsación temporal, índice del punto donde no hay amistad entre S1 y S2.

Lo que ocurre, tal como señala Jacques-Alain Miller, es que “… el esp de un laps tampoco es un aerolito en la reflexión de Lacan.”[13] Muy por el contrario, se puede constatar que Lacan ordeno siempre el decir según un imposible de decir y es por eso que se pueden seguir las transformaciones de ese imposible de decir a lo largo de su enseñanza.[14]

Tan es así, que se puede localizar en su escrito “La dirección de la cura y los principios de su poder” el camino que Lacan dejó abierto para acentuar en 1977 el imposible de decir propio del inconsciente. Se trata de lo que en dicho escrito nombra como la incompatibilidad del deseo con la palabra. Allí señala:

“Que puesto que no se pone ningún obstáculo a la confesión del deseo, es hacia eso hacia donde el sujeto es dirigido e incluso canalizado… (y)… que la resistencia a esa confesión (…) no puede consistir en nada sino en la incompatibilidad del deseo con la palabra.”[15]

Y Miller no duda en destacar que en este párrafo se encuentra, aunque no desarrollado del mismo modo que en el esp de un laps, el mismo imposible de decir.[16]

 

El Cristóbal Colón de las neurociencias

Tal vez recuerden que durante las Jornadas de la Red de la EOL del año pasado y durante el último Congreso de la AMP propuse encarar una clínica de las subjetividades sin causa, es decir de las subjetividades que pueden deducirse de la alianza del discurso del capitalista con el discurso de la ciencia. Esto, dije en esas oportunidades, lleva necesariamente a la elisión de esa hiancia fundamental sobre la que se asientan los discursos tradicionales y, por ende, a una forclusión de la causa. Según lo que dije antes, dicha alianza lógicamente lleva a una elisión del inconsciente real. De allí la importancia crucial de sostener aún esta noción de inconsciente como hiancia, como pulsación temporal, es decir, el inconsciente real para hacer frente a los intentos de reabsorber el inconsciente en un saber supuestamente cifrado localizado en el cerebro.

Como ejemplo de ello veamos lo que dice un tal Lionel Naccache en un libro titulado: El nuevo inconsciente. Freud, Cristóbal Colón de las neurociencias.[17] Dice así:

“Los invito en este libro a una nueva odisea, ubicada bajo los auspicios de las neurociencias del espíritu. Más allá de las analogías y de las oposiciones entre el inconsciente freudiano y el inconsciente cognitivo, mostraré que la postura misma del discurso freudiano detenta una clave esencial de nuestra facultad de construir nuestro pensamiento consciente. Esta clave de la consciencia descubierta por Freud, sin saberlo, puede hoy ser plenamente comprendida a la luz de las experiencias recientes de las neurociencias del espíritu.” (…) “A imagen de Colón que nos hizo el regalo de un nuevo continente, reconocemos en el “inconsciente” de Freud un inmenso descubrimiento psicológico que ha revolucionado el conocimiento que teníamos de nosotros mismos. La analogía entre estos dos viajeros no se limita sin embargo a este primer punto. A imagen de Colón que exploraba las Américas estando persuadido de descubrir las Indias, Freud cometió el también un error. El “error de Freud” fue el creer descubrir el inconsciente, cuando él nos develaba la esencia profunda de nuestra consciencia!”

Entonces, para concluir, veamos cómo Lacan respondía anticipadamente, en 1978, a una semejante propuesta, la de subsumir el inconsciente freudiano en el supuesto fundamento neuronal de una consciencia bien orientada:

“Lo Simbólico, en relación a lo Real, lo Simbólico, es decir el lenguaje, es lo que enuncia, lo que puede ser enunciado bajo el nombre de inconsciente. Es en eso que lo Real, es el inconsciente. Es el inconsciente: eso quiere decir algo que he definido como lo imposible. El inconsciente, es lo imposible: a saber que es lo que se construye con el lenguaje, en otros término una estafa.” (….)

“El inconsciente, es lo Simbólico, y es en eso que sujeta a lo Real. Sujeta a lo Real e incluso, lo comanda. Es en eso que el lenguaje rige a lo Real. Por eso yo enuncio que lo Real, es lo imposible: es absolutamente imposible que el lenguaje rija a lo real.

Es igualmente imposible que algo se presente como no orientable. Es lo que me ha llevado a simbolizar con lo que se llama una banda de Moebius lo que es del inconsciente. En el inconsciente, uno está desorientado.”[18]

NOTAS

  1. Lacan, J., “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Reseña del Seminario de 1964”, Otros escritos, Paidós, Argentina, 2012, p 206.
  2. Miller, J.-A., Los usos del lapso, Paidós, Argentina, 2004, p. 98
  3. Ibídem.
  4. Ibídem, p. 99.
  5. Ibídem.
  6. Ibídem, p. 108.
  7. Ibídem, p. 189 y siguientes.
  8. Lacan, J., Seminario 20, Aún, Paidós, Barcelona, 1981, p. 167.
  9. Ibídem.
  10. Ibídem, nota 2, p. 200: “… hay aquí una discontinuidad por la cual no es posible hacer la ronda. Y si tenemos que situar lo real de cada discurso, en todo caso se encuentra en ese intervalo.”
  11. Lacan, Jacques, Seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1964), Paidós, Argentina, 1987, pág. 33
  12. Lacan, Jacques, “Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11”, en Otros escritos, Paidós, Argentina, 2012, pág. 599. (Itálicas nuestras).
  13. Miller, Jacques-Alain, El ultimísimo Lacan, Paidós, Argentina, 2013, pág. 27.
  14. Ibídem, pág. 28.
  15. Lacan, Jacques, “La dirección de la cura y los principios de su poder”, Escritos 2, Siglo Veintiuno Editores, Argentina, 2002, pág. 610.
  16. Ibídem, nota 13.
  17. Op. cit., Odile Jacob, París, 2006.
  18. Lacan, J., “Confërence chez le Professeur Deniker – Hôpital Saint-Anne”, publicada en el Bulletin de l’Association freudienne nº7, junio 1984, pp. 3-4. Traducción mía.