Hablemos del inconsciente, aún...
ACTIVIDADES PREPARATORIAS

El inconsciente después de “Aún”

Cecilla Gasbarro
Cecilla Gasbarro

En la enseñanza de Lacan no rige ” lo pasado pisado”. “Recomienzo”; así abre su Seminario XXI. Con la lógica de los nudos, que se inicia al final del seminario “Aún”, se produce una profunda reformulación de todos sus conceptos. Hoy el tema es el Inconsciente aún. ¿Qué permanece y qué cambia en la ultimísima enseñanza de Lacan respecto del Inconsciente?

1-Veamos primero lo que permanece: es un saber, por lo tanto, (considérenlo un pleonasmo) articulado. Resalto aquí una cuestión, planteada en la primera clase del Seminario XXI: el saber inconsciente es invariante. El lote –o patrimonio- de saber del que cada parlêtre dispone es siempre el mismo. Interesante, porque solemos considerar que el desciframiento de un psicoanálisis cambia este saber. No es lo que Lacan dice en este recomienzo. Dice, en cambio, que lo que puede descifrarse es el sujeto en tanto y en cuanto alcanza un trocito de este saber. No es para desdeñar, porque este desciframiento del sujeto (esa nueva definición del sujeto, al decir de Lacan en esta clase) en el recorrido de un análisis, puede modificarlo radicalmente, hasta un punto; lo imposible de descifrar: lo Urverdrangt, el ombligo, la represión primaria. En suma, el desciframiento, conducido de la “buena manera” llega al nivel de la cifra. Un enunciado brevísimo, ante el cual detenerse…

 

Del síntoma y del inconsciente

2- El Inconsciente es un saber. ¿Cómo se articula? Aquí es necesario considerar las novedades respecto del estatuto del registro simbólico, que sí cambia mucho lo que era lo simbólico en la enseñanza de Lacan. La noción de lalangue, solidaria del enjambre de significantes Unos que inciden en el (fuera-de) cuerpo del parlêtre, civilizan el goce primero del cuerpo, de por sí inútil e inepto para la vida de la criatura humana. Lalangue “corta” pedacitos de ese goce inútil y los lleva a la superficie del cuerpo, formando lo que llamamos las sustancias pulsionales que “civilizan” el goce: que le permiten al parlêtre valerse de ellas: hacerse comer, defecar, mirar, oír.

Bien, un goce civilizado, pero en el cuerpo devenido superficie topológica. No pueden entrar para satisfacción del cuerpo imaginario, aunque éste lo pida a gritos (origen de las adicciones, por ejemplo).

Lalangue cumple otro papel, fundamental para nuestro tema hoy. Es la materialidad de lo que deviene saber inconsciente. Lo plantea Lacan al final de “Aún”: “El Inconsciente está hecho de lalengua”. Sí, es un saber, incluso un savoir-faire respecto de lalangue, pero comparte con ella su “pecado original”: el tropiezo sin fin. Partir de lalangue como un primer tiempo y la producción del saber inconsciente como un segundo tiempo puede explicar que el saber del Inconsciente, si bien tiene un carácter más fijo, está sujeto al tropiezo, a la equivocación.

 

Tensión entre Inconsciente y síntoma

Una tensión presente ya en “La Tercera”, que involucra a la interpretación, otra cuestión que Lacan indagará a partir de allí. ¿Interpretar el saber Inconsciente o el síntoma? En este escrito, el síntoma se separa totalmente del Inconsciente, del cual siempre había sido cuestionado como una formación de él.

“El síntoma viene de lo Real”. No es una formación, ni una transacción del Inconsciente. Eso cambia todo, hay que decirlo. Porque se tratará de cómo el síntoma “se besuquea” o no con el Inconsciente.

Por lo pronto, en La Tercera (contemporánea del Seminario XXI) ya podemos leer, respecto de esta tensión, más de una manera de interpretar.

Veamos: en esta tensión (entre interpretar Inconsciente y síntoma) la báscula se inclina hacia el síntoma.

Qué entonces del Inconsciente, aún? Sabiendo que las nociones sobre interpretación cambian en esta ultimísima y cauta enseñanza. El equívoco no asegura la abolición del sentido, la jaculatoria es eficaz si produce un agujero en el sentido, la poética también.

En el Seminario XXIV encontramos una alusión que, sin ser tan clara, ilumina un poco. Se pregunta Lacan si al final del análisis es posible identificarse con el Inconsciente. Dice que no, porque “el Inconsciente resta (permanece) Otro. Tengo para mí que esa permanencia es un resultado del hecho del agujero del Inconsciente, su ombligo, su represión primordial.

Quedamos entonces con el Inconsciente en ese estatuto, el de un Otro inabordable, imposible de aprehender.

Cuando Lacan se decide finalmente por equivocar Inconsciente por l’une bévue, en el Seminario .XXIV, podemos conjeturar que es eso. El Inconsciente es la una equivocación, tal como el eps d’un laps es eso, y no hay Otra escena.

Pero ¿cómo operar con eso en un psicoanálisis? ¿Podemos prescindir del Inconsciente transferencial? ¿Aunque sea en su forma primera, la transferencia positiva?

No nos olvidemos de eso.