Hablemos del inconsciente, aún...
ACTIVIDADES PREPARATORIAS

El inconsciente hoy

Nieves Soria
Leonardo Gorostiza

Miller se pregunta acerca del momento en que los oráculos callaron en la antigua Grecia[1], situando un efecto similar respecto del inconsciente en la época actual. Caído el discurso del amo clásico, vivimos una época en la que escasean las formaciones del inconsciente, que se manifiesta fundamentalmente como silencio, lo que nos confronta con su dimensión más real. Propongo entonces seguir algunos hilos de lo real del inconsciente en la enseñanza de Lacan.

 

Un saber en lo real

En la última clase del Seminario 21[2] Lacan plantea que el inconsciente no es una hipótesis, no es una construcción de saber, sino que es un saber que está en lo real. Se trata de un saber heredado que insiste y que en su insistencia es inarmónico, lo cual lo vuelve patógeno, provocando toda clase de inconvenientes.

En su respuesta a la cuarta pregunta de “Radiofonía”, planteada a Lacan: “Usted dice que el descubrimiento del inconsciente conduce a una segunda revolución copernicana. ¿En qué el inconsciente es él una noción clave que subvierte toda teoría del conocimiento?”[3] hay momentos en que Lacan hace equivalente el saber en lo real que encuentra la ciencia con el saber del inconsciente, en este punto no se trataría de un saber puramente simbólico. Allí Lacan menciona el “hipotheses non fingo” de Newton: “Hay fórmulas que uno no imagina. Al menos durante un tiempo[4], ellas se ensamblan con lo real.”[5] A continuación articula lo que parece referirse exclusivamente a las ciencias con el psicoanálisis: “Vemos que las ciencias exactas, con su campo, habían articulado esta carta antes de que yo la impusiera a la corrección de las conjeturales”[6], pues Lacan tempranamente había ubicado al psicoanálisis como una ciencia conjetural. “El inconsciente, lo vemos, no es más que un término metafórico para designar el saber que solo se sostiene por presentarse como imposible, para que a partir de allí se confirme por ser real.”[7] El inconsciente es un término metafórico que habla de un saber real. Por eso dirá que hace del cuerpo mesa de juego, pues es en este punto de real que el inconsciente se manifiesta en el cuerpo. Planteará entonces que Freud descubrió algo en lo real, señalando que lo real es el inconsciente, no lo que Freud dice para sostener su existencia.

En una época en la que gana el discurso biológico, el discurso genético, hay un rechazo radical de toda herencia simbólica -lo que no implica que esa herencia no esté, ya que además de los genes están las palabras, las marcas-. Quizás entonces una de las funciones del analista en esta época sea, justamente, conectar al sujeto con lo que esa herencia simbólica tiene de real.

 

El silencio del inconsciente

Respecto de la fusión entre inconsciente y ello, en “Televisión” indicará que en el inconsciente “eso habla”[8], y en su Seminario 21 definirá al ello como el silencio del inconsciente.

Por otra parte, en el Seminario 21 articulaba el inconsciente con lalengua: “…a causa del hecho de que tenemos una atención flotante oímos lo que el analizante ha dicho, a veces simplemente debido a una especie de equívoco, de una equivalencia material, nos percatamos –porque lo padecemos- de que lo que ha dicho podía ser oído todo de través. Es, al oírlo todo de través, que le permitimos advertir de dónde emergen sus pensamientos, su semiótica propia. Ella no emerge de otra cosa que de la existencia de lalengua. Lalengua ex-siste, en otra parte que en lo que él cree ser su mundo. Lalengua tiene el mismo parasitismo que el goce fálico con relación a todos los otros goces y es ella lo que determina como parasitario en lo real lo que tiene que ver con el saber inconsciente.” [9]

También en el “Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11” Lacan plantea decididamente el estatuto del inconsciente como real en tanto fuera de sentido: “Cuando el esp de un laps, o sea, puesto que no escribo sino en francés, el espacio de un lapsus, ya no tiene ningún alcance de sentido (o interpretación), solo entonces uno está seguro de estar en el inconsciente.[10] Un poco más adelante dirá: “…el inconsciente, es decir, real, solo si se me cree”[11].

En “La tercera”, plantea que, si bien el inconsciente está estructurado como un lenguaje, depende estrechamente de lalengua, cuyo uso va dejando capas que posibilitan hallar una identidad de sí a sí –es decir, la escritura x=x- reduciendo entonces toda índole de sentido en el nivel de la lógica[12]. Es interesante porque dice que el estar estructurado como un lenguaje es lo mejor que tiene el inconsciente; sin embargo, como se trata de dejar de darle de comer sentido al síntoma, es en la vertiente del inconsciente ligado a lalengua que radicaría una eficacia de la intervención analítica.

Sin embargo, en la práctica actual encontramos más frecuentemente dos respuestas subjetivas del lado del rechazo del inconsciente, eludiendo la formación de síntoma. La más lograda es la inhibición, que puede convivir con toda suerte de acciones en tanto quede detenido cualquier movimiento del deseo para evitar el encuentro con la castración. En esta vertiente el sujeto se presenta con un armado yoico rígido, y cuando algún encuentro con lo real atraviesa la muralla de la inhibición, es la angustia masiva la que se hace presente bajo la forma del ataque de pánico. En el otro extremo encontramos al sujeto perdido, errante, afectado por una angustia difusa ante un vacío informe, que elude el encuentro con la modalidad singular en que fue afectado por la falla, desconociendo que es ese mismo rechazo del inconsciente el que le impide orientarse en el deseo.

En su desconexión del inconsciente, el sujeto del discurso capitalista termina padeciendo del apartamiento de su deseo, lo que puede conducirlo al análisis. Escuchando el silencio de su inconsciente para causar su decir, orientado por una política del síntoma, el analista encarnará esa falla de la que el sujeto nada quiere saber, enseñándole a amar ese yerro fastidioso, ya que no amar el inconsciente no le impide a este ex-sistir en lo real, sostenerse fuera de la realidad fantasmática, como pura alteridad. Decía Lacan en la última clase del Seminario 21: “Es quizás en ese yerro que podemos apostar a encontrar lo real. Advertir que el inconsciente quizás sea inarmónico, pero que tal vez nos lleva un poco más a ese real que la muy poca realidad que es la nuestra, la del fantasma, que tal vez nos lleva más allá, al puro real”.

 

El inconsciente y la no relación sexual

En su “Respuesta a Marcel Ritter” (1975) Lacan propone como otra designación del inconsciente el hecho de que el parlêtre haya nacido de un ser –la madre- que lo ha deseado o no, situándolo por ello de una cierta manera en el lenguaje, excluido de su propio origen. Entonces, el inconsciente es también ese real, lo Unerkannte, lo imposible de reconocer, lo que no puede decirse ni escribirse, lo que no cesa de no escribirse.

Esta dimensión real del inconsciente terminará articulándose con la inexistencia de la relación sexual. Lacan esclarece el estatuto del sentido sexual que Freud encuentra en el inconsciente al plantear que el sentido no es sexual sino porque sustituye a lo sexual que falta. En su Seminario 21[13]propondrá un contrapunto entre el instinto, como un saber que permite a los animales coger adecuadamente, y el inconsciente, como un saber inarmónico, disruptivo, parasitario y patógeno, definiéndolo como una “semiosis resbaladiza que cosquillea el cuerpo en la medida en que no hay relación sexual”[14].

El inconsciente es esa falla estructural, que se manifiesta como un saber inarmónico, compuesto por las ruinas del saber mítico, parasitando al hablante como un chancro, enfermedad de transmisión sexual que causa llagas y úlceras. El chancro es así metáfora de un saber ligado a la falla sexual que se transmite y se hereda, y del cual el sujeto actual puede elegir desabonarse. Como la falla del sexo es dual, habrá un modo macho y un modo hembra de fallar la relación sexual, lo que dará lugar a dos estatutos diferentes del inconsciente, que encontramos repartidos en los dos lados de las fórmulas de la sexuación. Es este dualismo estructural el que ataca ferozmente el discurso de género mainstream, retoño del discurso capitalista, en su transferencia negativa hacia el psicoanálisis.

En la última clase de ese seminario planteará que es la primera vez en la historia que el ser hablante puede no estar enamorado de su inconsciente, no ser su incauto. Es la prevalencia del discurso de la ciencia la que lo posibilita, al romper con la relación de conocimiento, que llevaba a que el sujeto estuviese enamorado de su inconsciente, aun sin saberlo. En nuestra práctica actual se trata entonces de los impasses que propone el discurso de la ciencia en el abordaje de la falla estructural del hablante por la pérdida del instinto. Junto con la entronización del yo y la posibilidad creciente de pasar por encima de ciertos reales –el sexo y la muerte- que atravesaron la experiencia del hablante hasta la instalación definitiva del discurso capitalista en las últimas décadas, surgen nuevas lecturas de la falla estructural como un error a corregir, apuesta en las que confluyen las TCC y el discurso de género mencionado.

Lacan definía al inconsciente como “la insistencia por la cual se manifiesta el deseo”[15], una insistencia inarmónica y anti-homeostática, debido a que es del orden de la repetición, del más allá del principio del placer, principio de los puntos suspensivos que introduce el síntoma en la no relación sexual.

Por otra parte, en la primera clase del Seminario 24 planteaba que el inconsciente permanece como Otro, siendo imposible identificarse con él. El inconsciente es el lugar del héteros, de la alteridad radical e irreductible, de lo que escapa al uno totalizador, y en eso es femenino. No es sin su estofa que el síntoma realiza esa extraordinaria operación de traducción que lo hace sostenerse en lo real. Y es allí, en ese espacio, que pervive la singularidad del sujeto en su dignidad, aquella que lo aleja, no solo del animal con su instinto sin falla, sino también del ciborg como ideal a alcanzar a través del discurso científico, ideal de sutura de la falla a través de la operación de la tecno-ciencia. Es allí que apuntará el acto analítico hoy.

NOTAS

  1. Miller, J-A. Un esfuerzo de poesía. Clase 1, 13 de noviembre de 2002.
  2. Lacan 1973-74. Clase 14, 21 de mayo de 1974.
  3. Lacan 1970, p. 443.
  4. Las itálicas son mías.
  5. Lacan 1970, p. 446.
  6. Íd.
  7. Ibíd., p. 448.
  8. Lacan, J. Otros escritos, p. 537.
  9. Lacan 1973-74. Clase 1, 13 de noviembre de 1973.
  10. Lacan, J. (1976). “Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11”, en Otros escritos, op. cit., p. 599.
  11. Íd.
  12. Lacan, J, (1974). “La tercera”, en Intervenciones y textos 2. Buenos Aires: Manantial, 1988, pp. 106-107.
  13. Lacan, J. Seminario 21. Clase 14, 21 de mayo de 1974.
  14. Lacan, J. Ibid. Clase 1, 13 de noviembre de 1973.
  15. Lacan, J. Otros escritos, p. 540.