Hablemos del inconsciente, aún...
ASOCIACIÓN LIBRE

Donde toma la posta Lacan

Daniel Perretta
James Steinberg

Freud nos presenta un inconsciente estratificado, al estilo arqueológico, interpretable y con un sentido sexual. Lacan parte de este inconsciente freudiano. Al inicio de su enseñanza formaliza al inconsciente estructurado como un lenguaje. En su seminario "Las formaciones del inconsciente" desarrolla claramente, y a partir del estudio de la obra freudiana sobre el chiste, que el inconsciente es el discurso del Otro. Se trata del inconsciente de la interpretación, del cifrado y el desciframiento.

Este funcionamiento interpretativo tiene como causa un esfuerzo de trabajo: el realizado por el sujeto para dar sentido al trauma, la irrupción de lalengua en el cuerpo.

En el trabajo de Freud hay un punto donde la interpretación encuentra un tope, un punto de basta: al localizar el sentido sexual de una formación del inconsciente y en ese sentido da por levantadas las represiones. Nuestra experiencia nos hace saber que el sentido sexual es solo un sentido, y el inconsciente continúa su trabajo de cifrado.

La elaboración de Lacan nos lleva a un punto diferente: el lugar de lo imposible, una imposibilidad de la articulación significante. Se trata de ir más allá del sentido sexual, apunta a la inexistencia de la relación sexual. La cuestión pasa por cómo, en la singularidad, cada quien intenta distintas soluciones con el goce para tratar de hacerla existir.

Lo que Lacan perseguía era cómo acceder a lo Real. La apuesta es cómo orientarnos con este Real con nuestros recursos: la interpretación en contra del sentido y con la caída de los semblantes.

Nuestras elaboraciones y las que podamos obtener del pase, ubicando la satisfacción del final del análisis nos orientarán en esta tarea.

La satisfacción corresponde al sinthome. Hablar de sinthome nos mete completamente en el campo del goce, plantear al inconsciente a partir de ese campo en el que encontraremos que el goce del síntoma deja de tener sentido, donde cae la interpretación freudiana y nos encontramos, ya no en el análisis del sujeto, sino en el del parlêtre.