Hablemos del inconsciente, aún...
ASOCIACIÓN LIBRE

Hablemos de poemas y rarezas

Marcelo Marotta
Mireille Vautier

“Se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan”.

Así culmina un poema de Oliverio Girondo, compuesto por una larga lista de verbos que aluden al vínculo sexual.

Vínculo en el que anida la imposibilidad de compartir los goces y a partir de la cual el poema mismo es un recurso como fuente de satisfacción y creación de un lazo posible.

Del mismo modo decimos que el inconsciente obedece al lazo social porque no hay relación sexual. Es el inconsciente que se produce en un análisis como una elucubración de saber sobre el cuerpo hablante.

Cuando esa elucubración no funciona debemos aceptar que el inconsciente habla solo. En esa ocasión no se trata del vínculo sino del goce, porque lo que se pone en juego es el autismo de la palabra, o más bien de la “apalabra”, cuando ella se presenta como un aparato de goce.

Podemos hacer la lista de los sintagmas referidos al inconsciente según las distintas etapas de la enseñanza de Lacan: reservorio de imagos, para la época pre-estructuralista, luego en el período clásico el inconsciente estructurado como un lenguaje o como discurso del Otro, también como un borde que se abre y se cierra vinculado a la pulsión, después como discurso del amo y finalmente en tanto hecho de “lalengua”.

No es la poética lista de Girondo, sino la que enuncia variaciones de esa palabra que, según Miller, es “tan rara”: el inconsciente.