Hablemos del inconsciente, aún...
CITA CON EL INCONSCIENTE

El inconsciente, aún

Carmen González Táboas
Zeng Fanzhi

“Lo real, diré, es el misterio del cuerpo que habla, es el misterio del inconsciente”[1]

En Aun leemos: el cuerpo es algo que debería causar pasmo”. Y poco después, “El hueso de mi enseñanza es que hablo sin saber, hablo con mi cuerpo y sin saber, digo siempre más de lo que sé”[2]. Hablo con mi cuerpo… Jacques-Alain Miller[3] cita la “preciosa” distinción cartesiana; hay cuerpos físicos entre los cuales están los cuerpos de mis semejantes, pero hay mi cuerpo,y hay mi carne. El signo desvitaliza la carne y el cuerpo de la imagen introduce el misterio de la palabra. “Doy por sentado, dice Lacan, que recuerdan lo que enseña el discurso analítico sobre la vieja atadura con la nodriza, madre además como por azar, y detrás la historia infernal de su deseo y todo lo demás”[4]. Si el parlêtre nace de las palabras que el Otro instiló, es porque antes el Uno había escrito goce. ¡Por eso “el amor encuentra su soporte en cierta relación entre dos saberes inconscientes”[5]! Por eso “la eterna ambigüedad del término inconsciente”[6] desde que la tachadura del Otro permitió la escritura del Otro goce, no-todo fálico.

 

De un inconsciente al otro

El Uno de la marca no se anuda con nada de lo que al Otro de la palabra y el lenguaje le parece sexual; no hay relación sexual que se pueda escribir. Hay el Otro goce, el Otro sexo, el Otro cuerpo que también es para mí mi propio cuerpo en tanto goza. ¿Cómo traer a la experiencia analítica lo que no se ve en ninguna parte, ese nudo que somos? Al año siguiente, Lacan advierte sobre la metáfora, –figura que obtiene rápidos efectos de sentido– “es nuestro pan y nuestra levadura”[7]. Un año más y en RSI pregunta[8] ¿cuál es la movilidad de la metáfora?, ¿hasta dónde podría conducirnos?, ¿cuánto aguanta de exclusión del sentido? En la experiencia analítica salir de la metáfora es ir abandonando las ilusiones de que cada cosa tiene figuración, forma, finalidad y sentido, y encontrar en los dichos la singularidad de un decir. Es dejar resonar en lalangue otra cosa, quizás homofonías. Lalangue sorprende[9] cuando en la transferencia analítica el analizante practicante está como ser hablante, en una lengua tramada en los telares de su cultura y en la travesía de su análisis, análisis del parlêtre donde “el sentido de la interpretación es el goce”[10].

NOTAS

  1. Lacan, J. Seminario 20, Aun , Barcelona, Paidós, 1981, p. 158
  2. Ibidem, p. 144
  3. Miller, J.-A. “El inconsciente y el cuerpo hablante”, Revista Lacaniana, Año IX, N° 17, 2014, p .21
  4. Lacan J. Seminario 20, Aun, p. 123
  5. Ibidem, p. 175
  6. Ibidem, p. 107
  7. Lacan, J. Seminario XXI, Los no incautos yerran, (homofónico con los nombres del padre) inédito.
  8. Lacan, J. Seminario XXII, RSI (homofónico con hérésie, herejía), inédito, 17/12/1974.
  9. Freud, en “Análisis terminable e interminable” (1937), O. C., vol. III, Biblioteca nueva, Madrid, 1967, p. 565, exige del practicante: formación académica, penetración que no todos poseen en igual medida, talento, tacto. El carisma es necesario como en ninguna otra disciplina. La capacidad personal debe pasar por el análisis del practicante.
  10. Miller, J.-A. “El inconsciente y el cuerpo hablante”, ibidem, p. 32.