Hablemos del inconsciente, aún...
PASE

¿De qué inconsciente hablamos al final del análisis?

Florencia Dassen
Kylli Sparre

Hablar del inconsciente al final del análisis, implica considerar varias cuestiones. En primer lugar el agujero mismo de lo simbólico, y por lo tanto la pregunta por el límite de lo que podemos esperar de la experiencia analítica como desciframiento del inconsciente. En segundo lugar, que no podemos tratar el inconsciente más que a partir del dicho, y del dicho analizante, entonces: ¿cómo decir?, ése es todo el asunto. No se puede decir de cualquier manera.[1] Y en tercer lugar que el hombre habla con su cuerpo, el hombre se sirve del cuerpo para hablar. Las palabras pasan por el cuerpo, y de retorno, lo afectan. De ahí las resonancias y los ecos.[2] Es este inconsciente, el que articula un saber a lalengua, el que produce efectos de afectos, enigmáticos, que van mucho más allá de lo que el ser que habla soporta de saber enunciado.

El paso del inconsciente, implica que el analizante consienta en no pensar, que se preste a hablar a pura pérdida, a decir necedades, entonces, algún Real podrá capturar, atrapar, de este inconsciente: saber articulado a la lalengua, que goza. Encontrarse en análisis con el hecho de que la lengua es siempre particular, y que está viva, justifica que hablemos del inconsciente, aún…, aún con las complicaciones que tiene el término para Lacan, y habiéndolo sustituido por el de parlêtre, al final de su enseñanza, hay algo que perdura de lo nuevo de la incidencia de la invención freudiana. La invención del inconsciente que no es sin la invención del analista.

El final de mi experiencia estuvo profundamente marcado por la oportunidad de la interpretación jaculatoria. Ya caídos los relatos sobres los retratos de familia, caídos los grados de resistencia a lo irremediable, alcanzado incluso lo irrepresentable del goce, algo persistía, diría, de una reminiscencia imposible de pasar a la palabra. El analista interrumpe mi relato sobre la enfermedad de una amiga, que sin duda forma parte de los retratos de familia… eso tan viejo…con una vociferación: "Ayyyyy", afecto de dolor, a viva voz. El efecto fue un corte rotundo que precipitó en una certeza, en un ¨es así¨, que permitió que cese el decir sobre eso, por la boca… ya no hacía falta. Este inconsciente toca los bordes del trauma, y algo de lo real del goce que se anudó a él. Tocar este límite, la voz del analista que atraviesa el cuerpo, trazó un dique, un vacío, un cese a seguir respondiendo a cierto supuesto "llamado". Ese pathos que la jaculatoria evocó, era el afecto del estar suspendida aún a la eternidad de la historia.

NOTAS

  1. Lacan, J.: El Seminario, Libro 20, Aún, Paidós, Buenos Aires 1992, p. 122.
  2. Miller, J.-A., Habeas Corpus, en Revista Lacaniana de psicoanálisis, número 21, octubre 2016, p. 38.