Hablemos del inconsciente, aún...
PASE

Cercanías

Anibal Leserre
Federica Bordoni

Lo primero que me gustaría señalar es que uno sigue aprendiendo de su inconsciente, con el cual después del análisis se tiene otra cercanía. Esto se ve redoblado si uno continúa practicando el psicoanálisis, porque si bien implica el análisis de los pacientes, fundamentalmente, la cercanía mencionada, nos mantiene como analizantes y nos aleja de la posición cínica de que uno está en total regla y armonía con su inconsciente. Si hablamos de cercanía y lejanía también estamos ubicando al deseo del analista cuyo acto no es del orden del hacer, sino de lograr la diferencia absoluta y esto no implica ninguna pureza. Allí, nuestro amigo el inconsciente nos recuerda que el deseo del analista no es el deseo de ser analista y también nos recuerda la idea de Lacan de que uno se vuelve analista porque no puede ser otra cosa -en mi caso, el haber recorrido otros discursos y encontrar el analítico. Encuentro, análisis, fin de análisis, pase, testimonio; en todo ese trayecto, el inconsciente va marcando su presencia y su límite. No se disuelve ni se anula de ninguna manera, sino que simplemente se van diferenciando sus mensajes y emergencias. Para poner un ejemplo, los sueños no solo son de otro modo, sino que en ellos se incorporan las interpretaciones y nos marcan el camino. ¿Llamamos a esto autoanálisis? puede ser, pero con la salvedad de que el ‘auto’, es posterior al análisis. Estas apreciaciones, a mi entender, indican una manera de tomar la pregunta que formulan: ¿De qué inconsciente hablamos al final del análisis? De uno cercano que nos lleva a desear, amar, escribir y al lazo con los otros.