Hablemos del inconsciente, aún...
TEXTOS DE ORIENTACIÓN

La dimensión real del inconsciente… transferencial *

Fernando Vitale

Tengo para mí que desde hace ya algún tiempo nuestras indagaciones nos han hecho entrar en un terreno que nos puede dejar un tanto empantanados.

Comienzo entonces por intentar ubicar con la mayor precisión posible como se me presentan a mi, las coordenadas del asunto.

Como lo ha planteado recientemente M. H. Brousse, toda la enseñanza de Lacan está construida para impedir que los avances que iba realizando en la indagación de los fundamentos de nuestra practica, quedaran reducidos al ámbito de la doxa.

Detener y coagular los términos de una indagación en movimiento, corre siempre el riesgo de desembocar allí. Es lo que creo puede ocurrirnos hoy con la utilización que hacemos del binario despejado por Jacques Alain Miller mediante el cual diferencia un estatuto del inconsciente en tanto transferencial, de lo que denominó el inconsciente real.

Hace más de tres años en la conferencia de clausura del X Congreso de la AMP “Habeas corpus”[1], JAM planteó que haber hecho girar la brújula de la Asociación Mundial en la dirección de la última enseñanza de Lacan, hizo que los trabajos desarrollados en relación al tema del Congreso que fue El cuerpo hablante. El inconsciente en el siglo XXI, dieran por resultado que el inconsciente quedara en cierto modo opacado y en segundo plano y que eso no era algo del todo injustificado.

Es evidente que los desarrollos que realiza Lacan en su última enseñanza favorecen efectivamente esa dirección.

Tomemos solo como ejemplo dos afirmaciones del Seminario 23. Una de ellas se encuentra en el capítulo “Del inconsciente a lo real”: “La instancia del saber que Freud renueva, quiero decir innova con la forma del inconsciente, no supone en absoluto obligatoriamente lo real del que me sirvo”[2] -a lo que agrega- que con su nueva noción de sinthoma se propone llevar a un segundo grado la elucubración freudiana.

Un poco más adelante, en el capítulo “La escritura del ego”, pág. 142 dice: “Freud sostiene todo en la función del padre. Yo intento dar otro cuerpo a esa intuición con mi nudo Bo que está bien pensado para evocar el monte Neubo” jugando justamente con el nombre del monte donde Moisés vislumbró la tierra prometida justo antes de morir.

Es absolutamente pertinente que el hecho de que el inconsciente quedara como opacado y en segundo plano genere inquietud y que haga necesario retomar el trabajo para encontrar la buena perspectiva que nos permita retornar allí, desde un nuevo punto de vista.

Como dice Freud en la “Conferencia 29”[3] -en referencia a los sueños pero que podemos extender a todas las llamadas formaciones del inconsciente- dicha doctrina era y aun es hoy para nosotros una especie de shibolet, una especie de contraseña que permite reconocernos entre aquellos que seguimos amando al psicoanálisis de los que o nunca lo han hecho o ya lo han abandonado detrás de de los nuevos becerros de oro que nos ofrecen las neurociencias y el cognitivismo.

Voy al grano entonces, si lo que resta de lo que dio el análisis del inconsciente como el único real que logró finalmente atravesar la prueba óntica de la existencia, es el estatuto del Uno en tanto completamente solo, ese que lalengua vehiculiza y que introduce ese tipo de goce parasitario y fuera de cuerpo que llevó a Freud a forjar la noción de pulsión de muerte, ¿en qué real se sostiene nuestra práctica, o es que en ella no hay otra dimensión real en juego que la de lo real del Uno?

Si lo único real residiera allí -en esa dimensión fuera de sentido que no parece tener tratamiento posible puesto que todo lo que podemos hacer con el único medio que disponemos que es la interpretación, no podría ni siquiera rozarlo- ¿cómo es que no hemos cerrado todavía nuestros consultorios y que encima tengamos el tupé de en algunos casos seguir sosteniendo esa práctica retro que –como vamos a escuchar hoy- fomenta o al menos permite que quienes siguen acudiendo a nuestra consulta continúen interesándose en descifrar esos desechos de la vida psíquica?

Exagero al máximo los términos del asunto puesto que me parece de interés no pasar por alto esta cuestión.

Justamente por eso me resultó especialmente pertinente una observación que para nosotros argentinos -que tenemos tan naturalizada la práctica del psicoanálisis- debería al menos impactarnos un poco. En la conversación ocurrida en Paris luego de la presentación del argumento del próximo Congreso que realizaron Fabián y Silvia, Eric Laurent recortó un extracto de la conferencia de Miller que cité antes, diciendo que le pareció una fórmula extraordinaria y a la vez muy sutil. Miller afirma allí que la existencia de eso que llamamos el inconsciente no va en absoluto de suyo y que es totalmente legítimo que no se espere nada de ninguno de esos desechos de la vida psíquica inmortalizados por Freud.

¿Cómo es eso?

En efecto, afirmar que esos fenómenos son en sí mismos formaciones del inconsciente como si estuviéramos hablando de algo tan incuestionable como la ley de gravedad, tiene algo no solo de gratuito sino también de renegatorio.

Recordar eso es afirmar que dichos fenómenos de ningún modo llevan necesariamente al terreno de eso que llamamos la transferencia. Para ello, se necesita previamente obtener un consentimiento -que aprendimos de entrada con Lacan que de ningún modo se puede reducir a la dimensión de un contrato- y que en ese consentimiento hay en juego indudablemente un fenómeno de creencia. Sin esa puerta de entrada, no hay acceso al inconsciente.

Ahora bien, ¿pero en qué se sostiene ese fenómeno de creencia, cuál es su soporte?

 

La introducción del Otro

Ya en el Seminario 10, Lacan había dejado planteadas algunas cuestiones que considero valen la pena ser reconsideradas hoy a la luz de los recursos que nos brinda la última enseñanza.

Planteaba entonces que si el síntoma no puede ser interpretado directamente, es porque se necesita previamente la instalación de la transferencia a la que define allí como lo que denomina la introducción del Otro.

Lo sorpresivo es que eso que llama la introducción del Otro y en el que se juega lo que nombra como el estatuto salvaje de la transferencia, lo hace equivalente a lo que ocurre cuando se da en la tecla en la resolución del acting out. Considera esa operación como el paso previo imprescindible para que la transferencia simbólica propiamente dicha -a la que llama en cambio la transferencia domesticada- pueda ser instalada. Lo impactante es que si bien parte de la clínica de ciertos casos donde dicha domesticación es especialmente problemática, lo generaliza planteando que se juega allí el aspecto más real de la transferencia.

Lejos entonces de repetir lo ya sabido sobre las coordenadas de la entrada en análisis, vemos formulado allí que dicha entrada no podría producirse si el futuro analizante no obtiene previamente la indecible certeza de sentir que tiene lo que llama un lugar en el deseo del Otro.

¿Pero de qué se trata ese enigmático lugar?

Para colmo de males, que eso sea algo que es posible articular no lo hace al mismo tiempo para Lacan menos inarticulable, es decir imposible de extraer de la dimensión de un: a buen entendedor… Eso no significa que Lacan no lo considere al mismo tiempo como algo fundamental que hace al deseo del analista.

Quedémonos entonces con lo siguiente: ¿Cuál es entonces el estatuto de esa enigmática Otredad sin la cual la función del S.s.S no podría resultar operativa?

 

El Otro del Uno

Que se haya verificado que el síntoma no se evapora una vez desencriptado su mensaje, no significa que no se produzcan efectos si se consiente con poner al trabajo la hipótesis del inconsciente. Lo difícil es encontrar los instrumentos adecuados para teorizarlos, cuestión crucial para avanzar en el entendimiento de eso a lo que llamamos interpretación analítica y en los resortes en que se fundaría su eficacia.

Como vimos, si partimos de la tesis del Uno en tanto completamente solo, la pregunta se desplaza a cómo entender la operación que le permitiría su anudamiento a la transferencia.

Que la experiencia analítica haya revelado la inexistencia del partenaire con el que el Uno podría escribir la relación sexual, no es contradictorio con la pregunta acerca de cuál es entonces el Otro de ese Uno, ese nuevo partenaire que introduce la transferencia analítica.

Una respuesta la encontramos cuando Lacan afirma que el Otro del Uno es el cuerpo, pero no cualquier estatuto del cuerpo, sino el cuerpo en tanto conjunto vacío y como desarrolla Miller en la “Nota paso a paso” del Seminario 23, ese cuerpo como conjunto vacío no proviene de lalengua.

Pero entonces, ¿qué estatuto del cuerpo es el que puede funcionar como conjunto vacío para el Uno; es decir, como el lugar donde el Uno puede encontrarse con algo que por estar justamente vaciado del goce que vehiculiza el mismo Uno, le sea radicalmente Otro?

 

Lo real de la transferencia positiva

En el texto presentado en el último Congreso de Barcelona[4], Eric Laurent planteó que si bien es cierto que hay pocas referencias a la transferencia en la última enseñanza de Lacan, hay un pasaje preciso del “Seminario 24” que resulta fundamental para poder seguir su ultimo viraje. Allí Lacan vuelve a interrogarse sobre aquello que llamamos transferencia positiva planteando que si bien intentó fundarla con la noción de S.s.S, no considera con ello haber desentrañado su misterio.

Dice allí que la afirmación de que el Otro no existe, no implica dejar de interrogar cuál es el tipo particular de Otredad que introduce nuestra práctica. Agrega entonces que el hecho de que esa Otredad –a diferencia del Uno- no tenga prueba lógica de existencia, no significa desconocer su referencia a un real de un goce Otro del que lo único que se puede decir es que “eso se siente”.

Es entonces la experiencia de ese Otro goce indistinguible de eso que se llama amor, lo que constituye el soporte real que da sostén a la creencia en el inconsciente.

Pero cómo, ¿no era ese un puro fenómeno simbólico, una formación de vena que se desprendía de la estructura misma del significante? No, no es así para Lacan en su última enseñanza donde ese goce Otro encuentra finalmente su lugar en la escritura del Nudo entre Imaginario y Real justamente por fuera del campo de lo Simbólico.

Ya en su texto “Una fantasía” Miller había dejado abierta la exploración de esa referencia cuando planteaba que: “Las consideraciones que he debido saltear conducían a una inversión de lo que decimos tradicionalmente: el S.s.S es pivote de la transferencia. Me parece que el último Lacan dice otra cosa, dice más bien: la transferencia soporte del S.s.S. En otras palabras, señala que lo que hace existir al inconsciente como saber es el amor”.[5]

Así como en el zen diferentes artes pueden servir de medio para la realización del mismo objetivo, si sostenemos hoy que ya no hay indicaciones precisas para la oferta del psicoanálisis, es que sea cual fuere el ámbito donde transcurra nuestra práctica, se trata siempre de la misma cuestión: como lograr con la palabra introducir el vacío que haga resonar esa Otredad en el cuerpo que le de una operatividad real al No Todo frente al goce del Uno.

Concluyo entonces con una cita del Seminario 20 donde podemos observar como entendía Lacan la emergencia misma del discurso analítico. Dice allí que mientras dure ese pequeño giro, ese pequeño paréntesis que homologa al meteoro que constituyo la invención del “amor cortés ocurrida justamente cuando la diversión hommo-sexual (con doble m de hombre; es decir, de ese goce que tiene como partenaire el objeto a) había caído en la más suprema decadencia”[6], se podrá tal vez vislumbrar algo en lo tocante al Otro.

NOTAS

* Trabajo presentado en la Jornada de la Red de la EOL, 8 de junio de 2019, en la Plenaria “Lapsus, sueño, síntoma”.

  1. Miller, J.A. “Habeas Corpus”, en Revista Lacaniana N° 21. Publicación de la EOL. Octubre 2016.
  2. Lacan, J. El Seminario Libro 23. El sinthome. Editorial Paidós. Buenos Aires. 2006. p. 130.
  3. Freud, S. “Conferencia 29. Revisión de la doctrina de los sueños” en Obras Completas. T. XXII. Amorrortu editores. Buenos Aires 1997.
  4. Laurent, E. “Disrupción del goce en las locuras bajo transferencia”, en Revista Virtualia N° 36, Marzo 2019.
  5. Miller, J.-A. “Una fantasía” en Revista Lacaniana N°3. Publicación de la EOL. 2005. p.19.
  6. Lacan, J. El Seminario Libro 20 Aún. Ed. Paidós. Buenos Aires. 1995. p. 104.