Hablemos del inconsciente, aún...
TEXTOS DE ORIENTACIÓN

De creyentes e incautos [1]

Graciela Brodsky

El misterio del cuerpo que habla

¿Por qué no hablan los planetas? se preguntaba Lacan en mayo del ’55. Dio varias respuestas: porque no tienen boca, porque no tienen tiempo y, por último, concluyó que si ya no hablaban era porque la ciencia los había hecho callar.

Mutatis mutandis, ¿si los humanos hablan, será que la ciencia no resolvió todavía el misterio de esos cuerpos que no son celestes sino amarillos, rosados, cobrizos, negros, que tienen volumen, que suelen ser redondos o alargados, rectos, encorvados, cuerpos que no giran en redondo sino que se chocan, que no saben mantener la buena distancia entre sí, que se agitansin mover la cola, que lloran sin ser cocodrilos, que ríen sin ser hienas, que hablan sin ser loros y que aparentemente todavía tienen algo para decir que no está escrito, como la naturaleza, en lenguaje matemático?

¿Por qué esos cuerpos siguen hablando? Eso todavía es un misterio.

La cuestión me obsesionó desde niña y me llevó en la adolescencia a hacer una investigación que tenía por pomposo título “Ontogenia y filogenia del lenguaje”.

Después vino el estructuralismo, la Lectura estructuralista de Freud, como conocimos en Argentina a los Escritos de Lacan, y eso calmó mis ánimos. ¡Qué alivio leer que Althusser afirmaba que la pregunta por el origen erasiempre religiosa, que en última instancia remitíaa Dios y que eso estaba reservado a los misterios!

¡Vade retro! ¿Acaso no queríamos ser científicos, lo más científicos posible? ¿Acaso la ciencia no consiguió avanzar cuando dejó de lado la pregunta por el origen?Olvidemosla diacronía, que desemboca en la escatología de la historia, ytomemos sólo lo sincrónico: hablamos, es un hecho. Tan es así que cuando no hablamos no podemos menos que sospechar la enfermedad del parlêtre. ¿No nos enseñó Lacan que no basta con saber por qué su hija es muda, sino que además hay que hacerla hablar? Seamos pragmáticos y limitémonos a pensar en las consecuencias que hablar tiene para nosotros y para los otros.¿Por qué hablamos? Eso es un misterio. Y si a eso se le agrega que normalmente hablamos sin saber lo que decimos, que engañamos queriendo ser francos, que lastimamos queriendo agradar, que enamoramos queriendo maltratar, hay que suponer que no sólo hablamos, sino que dentro de mí mismo otro habla por mí cada vez que abro la boca. De ahí a la hipótesis del inconsciente, sólo hay un paso. Aunque fue necesario pasar por el oráculo, por las pitonisas, por las anunciaciones varias hasta llegar a Freud y su suposición.

El verdadero misterio de esos cuerpos hablantes que somos es que hablamos sin saber lo que decimos: el inconsciente es el misterio del cuerpo hablante. Y si eso es real es porque no se tiene la menor idea de cómo esas tres cosas el inconsciente, el cuerpo y el lenguaje se juntan. En algún momento Miller aventuró la hipótesis de que la perspectiva borromea fue el intento de Lacan de resolver ese misterio.

 

Creer en el inconsciente

¿Freud creía en su hipótesis para explicar el misterio del cuerpo hablante? En todo caso, hizo todo lo que pudo para demostrarla y convencernos de que creyésemos en el inconsciente. Para que lo verificáramos en cada sueño, en cada lapsus, en cada acto fallido o logrado de nuestra vida, en cada síntoma de nuestro padecer. Si el diagnóstico universal de ese médico que satirizó Moliere era “el pulmón”, la respuesta de ese médico vienés que nos conquistó fue “el inconsciente”. Y a tal punto nos convenció que Lacan pudo decir, cuando creaba su Escuela, que creer en el inconsciente era la condición para reclutarse. ¿Somos la secta que cree en el inconsciente, así como otros creen en la reencarnación? Si no vieron la serie francesa Les revenants, se las recomiendo. Los primeros capítulos, escritos por Emmanuel Carrère, valen la pena.

¿Para Freud, el inconsciente era algo real? En todo caso, yacorde con el cientificismo de su época, él creía que había saber en lo real, saber en reserva, esperando al buen prestidigitador que lo trajera a la luz, como les recuerda Lacan a los italianos. Eso no le impidió interesarse de una manera sorprendente en el ocultismo. ¿CreíaFreud que allí encontraría un real separado del saber, ajeno a la ciencia y a su inconsciente? Lacan no lo desmiente: “no creía para nada en eso, pero se dejaba engañar [être dupe] por lo real”[2].

Creer en el inconsciente sería creer que el misterio del cuerpo hablante podría transformarse en un problema que tendría una solución. Creer en el inconsciente sería creer que el misterio del cuerpo hablante podría transformarse en un enigma que conseguiría ser descifrado, interpretado, significado. Creer en el inconsciente sería creer que el misterio del cuerpo hablante, resuelto como se resuelve un problema bien planteado o descifrado como se descifra un enigma encriptado, podría revelar, a la larga, el sentido de la vida. Creer en el inconsciente sería confiar, como Freud, en que de una vez por todas, el misterio del cuerpo hablante podría ser revelado por la interpretación. Y que su nombre, levantado el velo del pudor en la Villa de los misterios, sería: falo.

 

Creer en el síntoma

¿Y nosotros, creemos en el inconsciente? Es decir, ¿creemos en el inconsciente para resolver el misterio del cuerpo que habla? Antes de creer en el inconsciente, creemos en nuestros síntomas, creemos en lo que no anda, en lo que va contra nuestros ideales y contra el sentido común. Antes de creer en el inconsciente, creemos en algo que se vuelve imposible de soportar, y eso ya implica concederle al síntoma el estatuto de real. Experimentamos su consistencia, su insistencia, mucho antes de creer en el inconsciente, mucho antes de que el dispositivo analítico le confiera al síntoma una supuesta significación. “Creencia y real parecen contradictorios […] pero no lo son, nos enseña Miller. Son correlativos. Decir que el síntoma es un hecho de creencia es no ratificar lo que dice la realidad colectiva con respecto a la cual se mide y se localiza la disfunción sintomática. Es la condición misma para reconocerle su estatuto de real en su no relación con el mundo”[3].

La creencia en el inconsciente es segunda, y depende de que esos casos de urgencia que somos encuentren al analista que se agregue al síntoma. El dispositivo analítico desnaturaliza lo real del síntoma al mismo tiempo que alimenta la creencia en el inconsciente. Creemos en el inconsciente mientras creemos que lo real está articulado como un lenguaje, mientras creemos que el síntoma puede hablar y ser descifrado. Creemos en el mensaje que el síntoma encierra, en el texto que el síntoma cifra, mientras somos analizantes. Es la condición necesaria del análisis y es la condición suficiente de la transferencia. El analizante es un creyente.

 

“Creo en el goce de la mujer”

Creer en el inconsciente… No es seguro que al final de su enseñanza Lacan creyera en el inconsciente, se burlaba un poco de la creencia de Freud.

¿En qué creía Lacan?

En 1975le espeta a los alumnos que lo entrevistaban en la Universidad de Yale, en los Estados Unidos: “Todo el mundo es religioso, incluso los ateos. Creen lo suficiente en Dios para pensar que Dios está ausente cuando se enferman […] pero no, Dios interviene todo el tiempo, por ejemplo bajo la forma de una mujer”.

En esos añosle lanza a su auditorio: “El desafío para cada uno de ustedes es que puedo probarles que creen en la existencia de Dios. El escándalo que el psicoanálisis pone de manifiesto es que actualmente no hay más que el psicoanálisis para probarla, no para probar que ustedes creen en Dios, sino para probar la ex-sistencia de Dios”[4]. Y en el 1972, en “Televisión”, insiste: “Una mirada, la de Beatriz, un parpadeo, menos que nada, y he aquí surgido el Otro que sólo debemos identificar al goce de ella, aquél que Dante no quiere satisfacer […] pero del que nos enuncia que Dios la colma”. Y J.-A. Miller coloca como colofón: “si es goce de mujer, el Otro toma existencia”.

“Creo en el goce de la mujer” había afirmadoLacan un poco antes, en su Seminario 20: “[…] ¿Y por qué no interpretar una faz del Otro, la faz de Dios, como lo que tiene de soporte al goce femenino?”[5].

 

Creer en el sinthome

Habitualmente, cuando leemos en RSI que en el síntoma se cree (y croire) lo referimos a la suposición de que el síntoma puede hablar, de que quiere decir algo, y que la palabra,interpretada,revelaría ya no un saber en lo real, pero al menos un sentido en lo real. De esta suposición en el “síntoma charlatán”, como lo llamó alguna vez Miller aquí mismo, en Brasil, se deducen las afinidades de la mujer con el síntoma: ambos son capaces de hablar no a las paredes, sino a uno, singular y ambos requieren ser descifrados: es la famosa distinción entre creer en La mujer y creerle a esta, a una.

Pero tal vez haya algo más, y creer en el síntoma, así como se cree en una mujer, implique también todo lo contrario, implique creer en lo que no habla, en lo que no se enlaza, en lo que no puede ser descifrado, en lo definitivamente opaco, en lo que el sinthome como real o al menos como lo más real que tenemos comparte con el llamado “goce de la mujer”, ese en el que Lacan creía y confiaba probar a través del psicoanálisis.

Esa, en parte, es la tarea que le toca al AE.

 

Incautos de lo real (Dupes du réel)

El dispositivo del pase (no el momento del pase clínico)está tomado por entero en la transferencia, y el mero hecho de dirigirse a otro, ya sea a los pasadores o a la audiencia, reinstala la dimensión discursiva de la experiencia analítica y genera efectos de verdad y de interpretación en el AE. Pero, al mismo tiempo,su esfuerzo de transmisión lo confronta con lo que no pasa, con unelementoabsolutamente singular, neológico, sin sentido, y que sin embargo suele decidir la salida de la experiencia. El “calzador sin medida”, el “rhinocéros”, la coureuse, ese “Niteroi”, ese “miquito”, el “cimino”escrito en la estación de tren (menciono los que me son más familiares), eso no resuena, eso no se entiende, eso no pasa al Otro, que normalmente queda desconcertado por el peso que tienen para el AE esas creaciones insignificantescomo su nombre lo indicasi se las compara con la densidad de la hystoria y el saldo de saber del análisis, pero que son la causa más profunda por la que se presenta al pase: intentar hacer pasar eso que brota completamente singular e indemostrable, al campo del Otro. Salvando las distancias, es algo así como la lucha del pobre Cantor con su transfinito.

Lacan se preguntaba si el psicoanálisis no era un autismo de a dos, y tranquilizaba a su público explicando quesi no lo era, se debía a la existencia de la lengua común, compartida entre analizante y analista. Pues bien, eso es lo que de manera a veces fulgurante se suspende en el final del análisis: la lengua deja de ser común.Y entonces, el lazo con el Otro de la transferencia se rompe, y vemos surgir eso que nos deja perplejos, que nadie puede seguir, que tiene valor de uso y valor de goce para uno solo. Es lo que nos hace creer en lo que llamamos “real”.No logramos demostrarlo: como mucho, demostramos los límites de lo simbólico lo que nos pone a salvo de la locura de la ciencia. A lo real lo imaginamos, como decía Lacan al final de su camino no sin humildad porque el pensamiento yerra fatalmente cuando intenta atraparlo, conceptualizarlo, definirlo: es nuestra debilidad sin remedio. Pero somos incautos y nos dejamos engañar (être dupe) por un real, el nuestro,cuando hacemos la prueba de que hay algo imposible en la relación entre los sexos, cuando experimentamos en carne propia que hay algo necesario, queno cesay no tiene sentido y que llamamos síntomao sinthome, cuando nos topamos con esos “ciminos” y esos “Niteroi”, salidos no se sabe de dónde, que no se deducen de nada, contingentes, non-sense, esquirlas, migajas de un real que escupe letras de un alfabeto desconocido y que sólo vale para uno.

Lo curioso es que con esos imposibles, con esos necesarios y con esas contingencias conseguimos hacer existir un discurso al que servimos y con el que armamos un lazo que ya dura bastante y que hoy nos trae hasta Rio, donde, como aprendimos, la imagen reina.

NOTAS

  1. El texto corresponde a la intervención en el X Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, Rio de Janeiro, 25 al 28 de abril de 2016.
  2. J. Lacan, Seminario “Les non-dupes errent”, Inédito, Lección del 11 de diciembre de 1973.
  3. J.-A. Miller, El lugar y el lazo, Editorial Paidós, Buenos Aires. p. 50
  4. J. Lacan, Seminario RSI, Inédito, lección del 8 de Abril de 1975.
  5. J. Lacan, El Seminario Libro 20, Aún, Editorial Paidós, Buenos Aires, p. 92-93