Hablemos del inconsciente, aún...
TEXTOS DE ORIENTACIÓN

La actualidad del inconsciente [1]

Mauricio Tarrab

Resistencias 1: El que sueña es el cerebro

El tema que han elegido[2] tiene dos términos que inciden en la manera en que concebimos, sostenemos y practicamos el Psicoanálisis.

Por un lado “la actualidad” - si pudiéramos saber que significa esa palabra- y por otro lado el inconsciente -hipótesis freudiana-. La actualidad y el inconsciente aún nos desvelan y nos mantienen, a veces, despiertos. La actualidad porque es la dimensión del tiempo que vivimos y el inconsciente porque aún nos habla, y porque todavía pensamos que el inconsciente tiene algunas claves que nos sirven para abordar lo que llamamos la actualidad. Y no nos privamos de interpretar la realidad conel inconsciente.

Freud no situó la psicopatología en las clasificaciones y en los conceptos, lo hizo primero al ras de la vida cotidiana, donde la actualidad era invadida, atravesada, denunciada, modificada por un discurso que venía de otro lado, de otra escena, aún de otro tiempo, para darle otro relieve a aquella actualidad. Entonces la actualidad se volvió más compleja y también más perturbadora, por si eso fuera posible. Precisamente eso le dice a Freud como reproche un periodista[3] que lo entrevista a fines de los años 20.

- Usted, profesor, sueña la existencia muy compleja. Y me parece que ud. es en parte responsable por las complejidades de la civilización moderna. Antes que usted inventase el psicoanálisis, no sabíamos que nuestra personalidad es dominada por una hueste beligerante de complejos cuestionables. El psicoanálisis vuelve a la vida como un rompecabezas complicado.

Freud le responde: De ninguna manera. El psicoanálisis vuelve a la vida más simple. Adquirimos una nueva síntesis después del análisis. El psicoanálisis reordena el enmarañado de impulsos dispersos, procura enrollarlos en torno a su carretel. O, modificando la metáfora, el psicoanálisis suministra el hilo que conduce a la persona fuera del laberinto de su propio inconsciente.

Se ve que Freud no solo tenía una idea de la complejidad que él mismo había sacado a la luz, sino que además tenía una idea muy precisa sobre lo que el Psicoanálisis podría brindar, y por cierto tenía una idea del final del análisis muy lacaniana, y sin haber leído a Lacan…

Pero el problema es que “salir del laberinto del propio inconsciente” supone haber entrado en él. Y entrar en el discurso del inconsciente, es decir analizarse, es algo que la actualidad afronta todavía, con otras características por supuesto, las resistencias que el mismo Freud ya había identificado tanto en el plano epistémico como político, al punto de que elevó las resistencias al nivel de un concepto. Las resistencias al psicoanálisis son de actualidad. Es frente a eso que el próximo PIPOL que se llevará a cabo dentro de unos meses en Bruselas lleva por título “EL INCONSCIENTE Y EL CEREBRO” y como subtítulo “NADA EN COMÚN”. Les leo algunos párrafos del Argumento del PIPOL 9:

Para la actualidad de las neurociencias el inconsciente mismo suena como el último bastión cuya llave neurológica será encontrada […] el cerebro se presenta como el denominador común “natural” de la suposición de que lo psíquico es cerebral.

No nos equivoquemos: si se considera al inconsciente del psicoanálisis, es para matarlo mejor. Si Freud y Lacan han podido explorar estas pistas neurológicas, fue para llegar, por la experiencia, a la conclusión de que el inconsciente que encontramos a través del psicoanálisis da cuenta de un real que le es propio.

Esa es una advertencia también para nosotros para no caer en la trampa que tempranamente advierte Lacan en la tendencia del psicoanálisis al idealismo.

Lo dice expresamente en el Seminario 11 “El psicoanálisis está mandado a hacer a primera vista para llevarnos hacia un idealismo”.[4]

La hipótesis del inconsciente freudiano, es la hipótesis todo lo que un sujeto hace en su vida pude ser susceptible de tener un sentido y de ser interpretado. Esa hipótesis que constituye el inconsciente, y que es de por sí una enormidad, comporta el riesgo del idealismo.

La interpretación, la práctica de la interpretación, puede convertir al psicoanálisis en una práctica adivinatoria, que use, no las constelaciones celestes y las influencias de sus astros para explicar las conductas, orientar los destinos, justificar los males; sino que usa las constelaciones familiares, edípicas, preedípicas o lo que se les ocurra. Es una deriva idealista del psicoanálisis. Pero sabemos bien que las respuestas que se encuentran en el derrotero de la enseñanza de Lacan no nos lleva al cerebro y al gen para rescatar al psicoanálisis del idealismo. Ya en ese momento clásico de su enseñanza pone a la experiencia analítica en una línea que se extiende entre dos extremos: el enigma del síntoma y el sentido de la interpretación, y no se le escapa allí el riesgo de una interpretación interminable y sin referencia material. Excepto dice Lacan que consideremos que entre el síntoma y su interpretación están en ese intervalo las pulsiones parciales, primera referencia al punto de detención de las derivas del sentido inconsciente. Es decir su primer acercamiento a un real propio del psicoanálisis es a través de las pulsiones freudianas, a lo que seguirá de inmediato el objeto a, que es una respuesta de Lacan a esa altura al idealismo, injertando en el inconsciente freudiano el objeto perdido y un poco más tarde al plus de gozar. Lacan es muy freudiano al buscar siempre el sustrato material, diríamos hoy real, que sostiene el aparato del sentido. El isomorfismo entre el inconsciente y la pulsión, aquella topología de apertura y de cierre pero también de borde entre el sentido y el goce. La pulsación del inconsciente es una de las pistas para situar que las formaciones del inconsciente llegan al borde mismo donde se puede cernir un real que le es propio.

Freud siempre se topó con eso y basta recordar su misterioso “ombligo del sueño” o la certidumbre de que el sueño es una realización de deseo, es decir de una satisfacción, o de la realización del deseo de la privación de una satisfacción, como en el sueño de la Bella carnicera, lo que también es una satisfacción, para nombrar dos formas de ese real propio del psicoanálisis que se aísla por las formaciones del inconsciente: en un caso, el del ombligo del sueño es el límite a toda interpretación, ya que muestra el límite de toda representación, es decir el límite a la fuga del sentido y en el segundo la satisfacción libidinal como referencia de toda la trama imaginaria y significante de un sueño. El Esofreudiano es aquí la referencia de anclaje de todo el aparato interpretativo del inconsciente y por allí las formaciones del inconsciente aún testimonian ese real. Lacan siempre leyó eso en Freud por supuesto. Lo dice en “Televisión”[5] “Es progresando en un tejido de equívocos, de metáforas, de metonimias, que Freud evoca una substancia, un mito fluídico que llama libido”.

Está el texto a descifrar pero no hay que dejar de ver que eso es una traducción, un ciframiento de goce, otro nombre de lo Real, que se satisface allí.

Contra toda tentación idealista que podría sostenerse en las formaciones del inconsciente, Lacan rescata que Freud nos orienta hacia un punto de real en que se sostiene, voy a decirlo así, la actualidad de las formaciones del inconsciente. Son algunas de las resistencias en la actualidad al inconsciente, en definitiva al psicoanálisis.

 

Resistencias 2: el desdén

En el comienzo de la “Dirección de la cura” en el apartado Hay que tomar el deseo a la letra”[6] advierte sobre las resistencias internas al Psicoanálisis en términos de desdén.

“Un sueño, después de todo, un sueño no es más que un sueño, se oye decir hoy” y en la nota al pié de página remite a una publicación psicoanalítica -“El psicoanálisis de hoy”- que según Lacan quizás no intencionalmente presenta una visión degradada del Psicoanálisis dirigida a la difusión hacia el exterior pero también de obstrucción hacia el interior. Era “la actualidad” de 1958…

“Un sueño, después de todo, un sueño no es más que un sueño”. Va a señalarlo tres veces más en este apartado de la “Dirección de la cura”, para decir finalmente, lo resumo, que quienes desdeñan ahora su instrumento para el análisis han encontrado supuestamente otros caminos más seguros para llevar a sus pacientes -ironiza- hacia los buenos principios de la vida y hacia deseos más normales. Lo que para Lacan constituye finalmente un rechazo de lo que el inconsciente, por medio de sus formaciones presentan inesperadamente del deseo, que para nosotros y casi por definición no tiene porqué ser algo normal. Hace un chiste allí señalando que esa búsqueda de los buenos principios conduciría a orientar a los pacientes a visitar la torre Eiffel, para apreciar que lindo es París, sin tener en cuenta que hay gente que se tira del balcón del primer piso de la torre.

Pero ¿y en nuestra actualidad? que hacemos nosotros con las formaciones del inconsciente que se presentan en nuestra práctica y aún en nuestros propios análisis? ¿Qué importancia le damos a los sueños, a los actos fallidos, a los lapsus hoy? No voy a responder por uds. solo diré que en los controles es cada vez más difícil escuchar que el practicante se interroga por el efecto, el enigma, las consecuencias, de un acto fallido, de un lapsus o de un sueño. Y no digo solo preguntarse por el sentido sino sobre las consecuencias…Eso se ve porque casi no los traen al control. Y si no lo hacen, más allá de otras razones es porque podría ser que ese desdén que Lacan denunciaba en 1958 siga vivito y coleando. Un lapsus no es más que un lapsus. Un acto fallido… vanas formaciones de sentido.

Y claro me podrán decir que es la actualidad… la época… el desdén que viene de la época, de los pacientes mismos, ahora no solo porque se resisten, como se decía en otra época sino porque el inconsciente ya no existiría más… Si, si, conozco bien esa cantinela: “los pacientes no vienen a analizarse”, “rechazan el inconsciente”, etc., etc. Ante esa cerrazón primero me interrogo sobre lo que estoy haciendo, o dejando de hacer para que el inconsciente de aquel al que escucho no se abra.

Cuando define al inconsciente como ético Lacan funda el deseo del psicoanalista en consonancia con el deseo que suponemos habita el inconsciente mismo. Miller hace un precioso desarrollo de esto en su texto “Leer un síntoma”: “ahí está el deseo de hacer ser lo que no está”. El deseo del analista apunta a conducir el ser al inconsciente, “en términos de Freud apunta a hacer aparecer lo que está reprimido”[7].

Creo que se puede decir que ese “aparecer” es la actualidad de las formaciones del inconsciente. Y allí entonces la operación del analista no solo es la de ser testigo de esa aparición sino también de leerla. Un lapsus, un acto fallido, un sueño… tomados en ese borde, en esa pulsación por cierto son un hecho, una ocurrencia, pero si se trata de tomar al inconsciente en esa actualidad donde emerge el sujeto, eso puede tomarse como acontecimiento, el acontecimiento del inconsciente mismo.

“Tomar el inconsciente como sujeto, no es en absoluto tomarlo como si ya estuviera allí y tuviera efectos, sino tomarlo a nivel del efecto […] es en las formaciones del inconsciente, el acontecimiento del inconsciente”.[8]

Esa orientación es tomar a las formaciones del inconsciente no solo del lado del desciframiento del sentido ignorado, aún del lado de la verdad, sino del lado del efecto, es decir de sus consecuencias y de las consecuencias que el sujeto pueda extraer de ese acontecimiento. Por un lado el uso que ya le ha dado al lapsus al producirlo y del uso que podrá hacer o no de él. Quiero decir que no se trata solo del sentido, se trata del uso. Se ve allí fuertemente la incidencia de pensar la actualidad de las formaciones como el acontecimiento del inconsciente.

Poner el énfasis en el efecto actual es la inversa del énfasis en el encadenamiento de sentido que viene del pasado. La actualidad del efecto abre el acto, el lapsus, el sueño, al futuro, porque lo actual como tal ya pasó y ahora se tratará de como se situará el sujeto, en sus consecuencias. Allí el analista no solo es testigo de lo que emerge sino de lo qué hará el sujeto con eso. Algo de lo singular también asoma en este corte que las formaciones del inconsciente producen. Como sabemos, allí, en las sutiles formaciones del inconsciente no solo está el efecto de verdad sino también el efecto de goce.

Las formaciones del inconsciente son el acontecimiento actual del inconsciente.

Hace algunos años, al cerrar el Congreso de la AMP de Río de Janeiro, en 2016, Miller señaló: “Hace dos años, en París, hice girar nuestra brújula, la brújula de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, para que señalara en dirección a la última enseñanza de Lacan sugerí como tema “El inconsciente y el cuerpo hablante”. Pero creo que podemos constatar que el esplendor del cuerpo ha predominado sobre el tema del inconsciente. Si no me equivoco la presencia del término “inconsciente” ha quedado completamente en segundo plano en este congreso”[9].

Lo hace notar, y sabemos bien que “hacer notar” es una modalidad muy precisa y muy sutil de la interpretación. Dos años después en el cierre de Barcelona, la brújula apuntó hacia el sueño. Y fue así porque algo del “esplendor del cuerpo” opacó el inconsciente, que por cierto no está pasando por momentos de esplendor, lo cual no significa que no insista. Y estamos ahora entonces remontando aquella nueva resistencia en el centro mismo de nuestra comunidad de experiencia que llamamos Escuela Una.

Por otra parte como la actualidad también es política, hay que decir que no hubo que esperar demasiado en el Psicoanálisis para ver la importancia política, es decir el uso político de las formaciones del inconsciente.

Basta recordar el exergo de la interpretación de los sueños que Freud coloca antes de comenzar su texto fundacional en que cita la frase que Dante extrae de la Eneida “Flectere si nequeo superos, Acheronte movebo” “Ya que no puedo mover las potencias superiores, voy a mover las potencias de abajo, voy a mover las potencias infernales”. Ese Freud inicial se orienta no solo a analizar sino a mover algo “del mundo subterráneo”[10].

En una carta en que le contesta a un comentarista explica porqué ese exergo: “El deseo rechazado por las instancias mentales superiores (el deseo onírico reprimido) remueve al mundo mental subterráneo (el inconsciente) para ser escuchado”.

Se trata de “mover”, desplazar y siguiendo el final de esa frase “hacer escuchar”.

Y por eso se puede decir que la interpretación es política. Mientras que analizar no es necesariamente una política, aunque pueda servirle interpretar es claramente una acción política. Es interesante leer de esta manera la indicación lacaniana de que el inconsciente es la política, a condición de darse cuenta de que el inconsciente es la política porque el inconsciente interpreta.

La eficacia del psicoanálisis más allá del desciframiento es que sea capaz de tocar algo real. Esa orientación, que es política busca anclar al inconsciente en el suelo de lo real, si se me permite la imagen. A veces lo logramos, a veces no lo logramos. Pero en todo caso para lograrlo se requiere del lado del analista además de la curiosidad freudiana, eso que J.A. Miller llama en su curso[11] “un espíritu de sutileza” más que “el espíritu de un geómetra” tomando esa diferencia de Pascal que hoy se aplica bien a la confrontación actual del pragmatismo de la época y de la sutileza de esas formaciones, tal como Freud tituló uno de sus textos “La sutileza de un acto fallido” y aquella que se requiere para elucidarlas[12].

 

Sueños

Ahora, si me permiten un pequeño desplazamiento de la actualidad a lo actual, que claro, está muy cerca del acto, diré que lo actual siempre estuvo en el borde mismo de las formaciones del inconsciente, ya que para Freud y pienso que para Lacan también, lo actual estaba referido a lo pulsional. Es decir a lo que no viene de la historia y que hace de borde actual al campo del inconsciente.

También sabemos que hay una homología en Lacan entre las pulsaciones del inconsciente y las pulsiones parciales. Lo actual en Freud no viene de la historia sino que se realiza en el presente como puesta en acto.

En el Seminario 16[13] Lacan dice lo que él hace cuando interpreta un sueño: “cuando interpretamos un sueño, lo que nos guía no es ciertamente que quiere decir eso.”

Esa sería la pregunta por la significación del texto del sueño, la pregunta original del psicoanálisis que abrió todo el campo que habitamos, ¿Qué quiere decir eso? supone que el sueño tiene un mensaje cifrado que quiere decir algo. Es la pregunta por el sentido del sueño.

“Tampoco -sigue Lacan- nos guía la pregunta ¿qué quiere “él” para decir eso?”

Es un pequeño deslizamiento de la primera pregunta, pero que ya no cae sobre el mensaje cifrado del sueño sino sobre la enunciación del sujeto que sostiene al sueño. Es la pregunta por el deseo del soñante, por su intencionalidad al soñar lo que sueña y eso implica también su responsabilidad sobre el contenido aún de aquello que sueña, en lo que Freud supo poner énfasis. Todo eso está ahí por supuesto y es parte de nuestro trabajo tenerlo en cuenta. Pero Lacan da un paso más

“Lo que nos guía, al interpretar un sueño es: ¿qué es lo que, al decir, eso quiere?”.

Y eso es ya otra cosa, ya no es el mensaje cifrado, ni el deseo inconsciente y el sujeto sino …“eso”. Y lo que está allí en juego es lo que “eso” quiere. Y “eso” quiere gozar.

De estas tres preguntas se puede deducir como Lacan destaca que en el psicoanálisis no solo hay un programa del saber, un programa del inconsciente, que no solo se trata de discursos y semblantes, sino que eso tiene un suelo: un programa de goce, al que el saber inconsciente sirve. La interpretación que produce el inconsciente y sus formaciones y que finalmente es un programa del saber, sirve al programa del goce.

Un sueño puede ser una imagen, un fragmento que evoca toda una historia visual, puede ser un cuento o un flash, o un ruido o muchas imágenes sueltas… O llevar finalmente a un agujero como el fondo de la garganta del sueño de la inyección de Irma. O puede ser un sonido…

Les recuerdo dos referencias ejemplares del seminario 11: una el modo en que testimonia cómo eso puede captarse en un instante, por ejemplo en el sueño de los golpes en la puerta que lo despiertan, ese knockout de lo real. O como lo destaca en el comentario que hace del sueño: “Padre acaso no ves que ardo”. “Visión atroz de un más allá que se hace oir en el sueño”. “En él, dice Lacan, el deseo se presenta en la pérdida del objeto ilustrada en su punto más cruel”.

Interesante el retruécano de la frase: una visión atroz que se hace oir… propia de un sueño o de un koan zen. La frase misma dice Lacan es una antorcha -por si sola prende fuego a lo que toca…una frase que es una antorcha, ella misma es una letra en linde con lo real. Al mismo tiempo es ese punto de imposible que Lacan destaca en este sueño como su ombligo.

Sin ese dato de horror también hay sueños que se acercan a un linde enigmático presentando algo estático como la clásica imagen del árbol de los lobos freudianos. Está ahí, mira al soñante, nos mira en el borde de la pantalla que vela y anuncia lo real.

Alguien a quien escucho luego de contarme un sueño breve y contundente y del cual ya tiene una súbita y evidente interpretación, comenta “hay sueños que parecen haikus”. Cosa que me pareció muy justa. El haiku es estilo de poesía japonesa que presenta algo de manera límpida y minimalista haciendo uso del discurso en el borde mismo de la letra. En un haiku eso está ahí, eso pasa, eso sucede. No cuenta una historia, no trasmite un mensaje, no genera un sentido. Solo dice. El haiku, es una forma poética que muestra el esfuerzo por retener el presente. Es la captación misma del instante y abre el instante a lo desconocido. A veces un sueño produce algo homólogo, la misma aporía, la misma perspectiva de lo imposible, aún el mismo esfuerzo estético que un koan zen hace, para nombrar lo innombrable. Es otra forma de aludir al ombligo del sueño no como agujero sino como último linde donde el sueño conduce a un despertar.

El sueño puede tener por supuesto algo de efecto poético, pero lo que quiero destacar es que el sueño no solo tiene efectos de poesía sino que muestran o son ellos mismos el “esfuerzo de poesía” del inconsciente. Ese esfuerzo es el que Lacan ubica como ciframiento. Ciframiento de lo imposible de representar. Claro que hay otros sueños donde lo real emerge como pesadilla atravesando la pantalla.

Lo que quiero destacar es aquello que en las formaciones del inconsciente podemos aislar de ese esfuerzo de poesía por cifrar lo innombrable.

Tomando cierta licencia me pregunto si no es eso acaso lo que Lacan hace cuando de madrugada y desvelado, en una ciudad extranjera y preparando una exposición que debe hacer al día siguiente, buscando decir lo imposible sobre el inconsciente, afirma que “el inconsciente es Baltimore al amanecer”. No dice Baltimore me evoca el inconsciente. Dice “El inconsciente es Baltimore al amanecer (lo es en ese momento, en esa actualidad, en ese instante). Quizás en el próximo amanecer, o apenas un rato después ya no lo sea. O el sujeto Lacan no esté allí para decirlo.

Ya no es el inconsciente que está estructurado como un lenguaje, que produce un sentido…el inconsciente es Baltimore al amanecer. Más cerca del instante del acontecimiento y del afecto en el cuerpo que una elaboración de sentido. Cuando las formaciones del inconsciente se toman no del lado del sentido, que siempre será edípico y sexual, sino cerca de la escritura y la letra abren la dimensión donde el sueño trata de mal decir lo real.

Pienso que esa relación entre discurso y real también puede investigarse en los lapsus y acto fallidos por supuesto. Podríamos poner en serie, y con esto sugiero una línea de lectura actual sobre las formaciones del inconsciente, serie que podría comenzar con el texto freudiano que mencioné hace un momento “Las sutilezas de un acto fallido, a fin de ubicar las formas más clásicas del análisis freudiano y de la interpretación freudiana de un lapsus; seguir luego con Un trastorno de la memoria en la Acrópolis, en que Freud se debate con un borde de su propia neurosis y que anticipa, primero con timidez y luego con firmeza, lo que para nosotros es ya con Lacan, el más allá del Padre. Y esta serie de lectura que sugiero puede continuarse con esa misteriosa y poética definición “el inconsciente es Baltimore al amanecer” para finalmente, ¿por qué no? concluir, siempre provisoriamente, en aquel “minúsculo fenómeno” que J.A. Miller nos brindó en su Conferencia en el Teatro Coliseo de Buenos Aires. Y que constituye una enorme enseñanza al mostrar cómo trata un “blanco en el pensamiento, lo que llama un “minúsculo fenómeno mental”, que se produjo frente a tener que dar una conferencia luego de 7 años de no venir a la Argentina y un repentino “no saber” de qué hablar…Hay que seguir el detalle de su propia explicación de ese blanco, que va desde la incertidumbre frente al deseo del Otro vuelto enigmático, pasando por el sostenimiento de la erección misma del cuerpo en esa situación, hasta alcanzar lo que llama “la madera de nuestros síntomas” parafraseando a Borges -traductor de Shakespeare- cuando decía que “estamos hechos de la madera de nuestros sueños”. El “ground”, el suelo de esas formaciones sutiles. Allí donde el inconsciente es depósito, aluvión del lenguaje[14].

Como bien se sabe la temporalidad de las formaciones del inconsciente no es igual en todas ellas. “El lapsus, el acto fallido, el chiste, son seres instantáneos”[15]. Son seres instantáneos, a los que le damos un sentido, en los que suponemos una verdad, pero que se eclipsan inmediatamente. Mientras que el síntoma tiene una permanencia en el tiempo que lo diferencia. JAM señala muy claramente que cuando un sueño se repite ya no es tan importante el sentido como su referencia al trauma; o que si un acto fallido se repite se vuelve un acto sintomático…

El síntoma, aún el freudiano, da cuenta de ese borde entre verdad y real. Y da cuenta de lo que persiste más allá de la interpretación. La interpretación como se decía, levanta el síntoma, pero algo persiste, algo para decirlo en relación a nuestro tema de hoy, algo conserva actualidad. Algo en el síntoma persiste más allá del sentido. Se puede decir que el sentido del síntoma viene de la historia y eso puede descifrarse, pero lo que queda, lo que persiste en el síntoma es actual. Es el fuera de sentido, lo real del síntoma.

 

Otra actualidad, Otros Escritos

Ahora bien, para situar otra dimensión de la actualidad y señalar un punto de arribo de este desarrollo que estoy haciendo hoy diré que, si es que había algo de lo que los analistas estábamos seguros era de saber cuando era que estamos en el Inconsciente.

Abonaba esa seguridad casi un siglo de teoría y práctica. Y sabíamos muy bien que ese estar en el inconsciente suponía haber abierto esa otra escena freudiana, que comandada por el Nombre del Padre y el sentido sexual, se extiende hasta los bordes donde naufraga el sentido.

Sin embargo J.A. Miller en su curso “El ultimísimo Lacan”[16] rescata una línea del último, último Lacan, y nos introduce en una incertidumbre novedosa. Estábamos seguros de estar en el inconsciente cuando el lapsus tenía sentido y era interpretable. Pero…ya ni siquiera el inconsciente es lo que era, ya que según esta afirmación de Lacan, que JAM comenta: solo podemos estar seguros de estar en el inconsciente “cuando el espacio de un lapsus ya no tiene ningún alcance de sentido o de interpretación “.

Como nos importa hoy tanto las formaciones del inconsciente como su actualidad, resaltaré de esta frase ese ya.

Desde la perspectiva del curso de la experiencia analítica, se puede hacer jugar ese yatambién de manera precisa, cuando la experiencia analizante abandona la espera de que por el sentido se podría develar la verdad del deseo y la cifra del síntoma.

Cuando ya se hace evidente que el inconsciente intérprete no hace sino repetir lo mismo una y otra vez; cuando analizarse es hacer la experiencia de que el sentido se fuga. Eso orienta la experiencia analítica hacia atrapar otra cosa. Ese, ya no es el trabajo del inconsciente, al menos ya no es el trabajo del inconsciente freudiano, ni de aquel inconsciente que Lacan llamaba “el nuestro” es decir el inconsciente–sujeto, el inconsciente–verdad.

Este es a mi juicio un punto de ruptura en la experiencia analítica y en la concepción misma de lo que es un psicoanálisis.

Es el límite del psicoanálisis, del inconsciente freudiano, del desciframiento y de la historia. Y ese ya del que me sirvo en esta perspectiva depende también de la posición que adopte el analista.

Como lo recordé hace un rato Lacan hace depender la existencia misma del inconsciente de la posición del analista y eso permite ese movimiento de despliegue y florecimiento del inconsciente en el análisis. Sin embargo y he ahí una de las paradojas más sutiles de la experiencia analítica, lo que ha hecho avanzar el análisis que ha sido la proliferación de sentido, termina por desorientar al analizante y también al analista. Es el punto en donde el inconsciente testimonia que el sentido no se detiene, al contrario, el sentido se fuga.

Y entonces la pregunta, de un lado y del otro del diván es “¿y esto donde se detiene? ¿qué hace de tope cuando se demuestra que el Nombre del Padre no detiene la deriva del sentido?

Es siempre impactante ver como en el borde mismo del fracaso Lacan vuelve a apostar. En este caso al hacer valer la eficacia que tiene el significante cuando es tomado fuera de la cadena del sentido, cumpliendo la función de un real.

Es esa reducción en la que pasamos de interesarnos en el par significante, en los efectos de sentido y de la verdad del sujeto; al par de la letra y el cuerpo que toma en cuenta el efecto de goce y la escritura.

¿Es ese el campo que J.A. Miller busca definir en la pregunta de Lacan en El Sinthome[17] respecto de si el inconsciente es real?

Lo que es seguro es que con su doble vertiente de inscripción, pero también por su efecto de goce, la letra y la escritura están más cerca de cernir una singularidad que de revelar un sentido.

Se trata de una reducción del inconsciente: “Yo he reducido el síntoma para responder no a la elucubración del inconsciente sino a la realidad del inconsciente”.

Toda una investigación sobre el estatuto simbólico y real del inconsciente podría girar sobre esta frase. Enigmática pero no sin antecedentes en Lacan. La “elucubración del inconsciente” no deja muchas dudas, pero “la realidad del inconsciente”… creo que hay un solo lugar en que Lacan menciona la realidad del inconsciente muchos años antes, y es en el Seminario 11 cuando define la transferencia como correlato de la pulsión: “puesta en acto de la realidad “sexual” del inconsciente”. Otra vez encontramos el “ground” en los términos de la enseñanza más clásica de Lacan: en ese caso lo pulsional que hace de tope a la “elucubración”.

A la altura de El Sinthome las cosas no están en el mismo lugar y otras “variaciones” de lo real y del goce son exploradas.

Un Borges tardío, para mencionarlo de nuevo y mostrar ese borde entre elucubración y real, se conjuga con el último Lacan:

“En el preciso momento en que repasaba los poderosos versos de Keats pensaba en que quizás solo estaba siendo leal a mi memoria. Quizás la verdadera emoción que extraía de ellos radicaba en aquel lejano instante de mi niñez en Buenos Aires, cuando por primera vez oí a mi padre leerlos en voz alta. Y cuando la poesía, el lenguaje, no era solo un medio para la comunicación sino que también podía ser una pasión y un placer: cuando tuve esa revelación, no creo que comprendiera las palabras, pero sentí que algo me sucedía. Y no solo afectaba mi inteligencia sino a todo mi ser, a mi sangre y a mi carne”.

Están allí la elucubración, la historia, el padre, la memoria. Pero está también lo que no se comprende, el afecto, la inscripción en el cuerpo, la letra y su efecto de goce.

A esa altura de la experiencia de un análisis ya no hay nada que descifrar. Estamos en otro campo, estamos ante la evidencia de que entre Historia y Satisfacción hay una brecha irreductible que el psicoanálisis -con su dimensión de semblante- ha colocado juntas, ha encubierto y sobre la que ha tendido puentes, construido empalmes, hecho funcionar artificios .

Entre Historia y Satisfacción hay una brecha, pero también hay la chance de un “wake”, de un despertar del sueño del sentido, que desvelaba a Lacan.

En el inconsciente freudiano se reconstruye una historia. Por el contrario, al final de la reducción del inconsciente y del síntoma, uno no se encuentra con una historia sino con fragmentos de escritura y trozos de real. Finalmente como Freud decía en aquella entrevista que mencioné “El Psicoanálisis suministra el hilo que conduce a alguien fuera del laberinto de su propio inconsciente.”

Luego, uno puede construirse una historia para ser contada a los otros y volver a dormir un poco, lo que parece ser inevitable.

NOTAS

  1. Clase inaugural del Curso anual “La actualidad de las formaciones del inconsciente” EOL-Sección Rosario. 24/05/2019.
  2. “La actualidad de las formaciones del inconsciente”.
  3. Sylvester Viereck. Disponible en internet.
  4. Lacan, J. El Seminario Libro XI, Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis, Ed. Paidós, Bs.As., p. 62.
  5. Lacan, J. “Televisión” en Otros escritos, Editorial Paidós, Bs. As. 2012.
  6. Lacan, J. “La dirección de la cura y los principios de su poder” en Escritos 2, Punto 1, Siglo XXI Editores, Bs.As. 1987, pág 600.
  7. Miller, J.-A, “Leer un síntoma” en Revista Lacaniana N° 12, Publicación de la EOL, Bs.As, 2012.
  8. Miller, J.-A Los usos del lapso. Editorial Paidós, Bs.As, 2004.
  9. Miller, J.-A “Habeas Corpus” en Revista Lacaniana N° 21, Publicación de la EOL, Bs.As. 2016.
  10. Freud, S. “La interpretación de los sueños” en Obras Completas, T.IV, Amorrortu Editores, Bs.As. 1996.
  11. Miller, J.-A Sutilezas analíticas, Editorial Paidós, Bs.As., 2011.
  12. sugiero la lectura de la introducción al Curso Sutilezas analíticas en el que S.Tendlarz ofrece valiosas referencias sobre el nombre del Curso.
  13. Lacan, J. Seminario 16 De un Otro al otro, Ed. Paidós, Bs.As.2008
  14. Lacan, J. “ Radiofonía” en Otros Escritos, Editorial Paidós, Bs.As., 2012
  15. Miller, J.-A “ Leer un síntoma” en Revista Lacaniana Nº 12, Publicación de la EOL, Bs.As. 2012
  16. Miller, J.-A, El últimisimo Lacan, Ed. Paidós, Bs.As., 2012
  17. Lacan, J. El sinthome, Ed. Paidós, Bs.As. 2006.